Dos Meditaciones para el Viernes Santo: Getsemaní y la Cruz

Getsemaní

"Entonces Jesús salió y se fue, como era su costumbre, al Monte de los Olivos; y lo siguieron también sus discípulos. Cuando llegaron al lugar, les dijo: «Oren, para que no caigan en la tentación.» Después se alejó de ellos como a la distancia a la que uno tira una piedra y, doblando las rodillas, oraba diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí esta prueba. Sin embargo, que no se haga mi voluntad, sino la tuya.»." Lucas 22: 39-42

El drama tan intenso de éste evangelio nos muestra las horas finales de la vida de un buen hombre. Jesús se prepara para ser arrestado, torturado y crucificado. La última cena en el cuarto superior ya fue comida. Judas activamente traiciona a su amigo Jesucristo. Jesús reúne a sus once fieles discípulos/amigos para que lo acompañen mientras reza "Que no se haga mi voluntad." Se enfrenta a la agonía espiritual, a la angustia física y a la tentación personal. Sus bien amados y confiables compañeros le fallan y no pueden permanecer despiertos. Jesús necesitaba de la colectividad en sus últimas horas. Los discípulos lo habían visto enseñar, predicar y sanar a los enfermos durante tres años. Le pedían que les enseñara a orar y discutían para determinar quién era el mejor. Ahora dormitaban.

De vez en cuando, Jesús los despertaba y los reprendía: "Oren, para que no caigan en la tentación........ Padre, si quieres, aparta de mí esta prueba. Sin embargo, que no se haga mi voluntad, sino la tuya.." Sabemos que rezó con angustia. Su sudor se convirtió en gotas de sangre. El único discípulo que volvió a escuchar a Jesús rezar fue Juan, el discípulo bien amado. El fue el único que escuchó a su querido amigo unas horas después cuando oraba en la cruz: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen." "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu." "Está concluido." Sólo Juan amaba a Jesús lo suficiente para acompañarlo en la cruz junto con las mujeres.

Podemos apreciar la realidad y la humanidad de Jesús el hombre (Lucas 22: 36 - 46). Jesús necesitaba que sus compañeros estuvieran con El en su hora de crisis. Necesitaba que sus amigos estuvieran con El en la oración. Que permanecieran despiertos y oraran para cuando llegase la hora del juicio. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil. Padre, si quieres, aparta de mí esta prueba. Sin embargo, que no se haga mi voluntad, sino la tuya. Cristo rezó una y otra vez, pidiendo la fortaleza y el valor necesarios y sudando gotas de sangre que se derramaban sobre su rostro mientras El se preparaba para la hora de su muerte.

El evangelio de Marcos (14:36) detalla un relato similar. "El dijo, "Abba, o sea, Padre; para ti todo es posible; aparta de mí esta copa. Pero no, no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieras tú." La versión en griego dice: "Abba ho Pater." Esto se puede interpretar como "Papito, querido Padre."

La primera iglesia retomó el concepto de tener una relación de confianza con nuestro amado Padre celestial. El tierno nombre de "Abba" se menciona dos veces en los escritos paulínicos en Romanos 8:15 y Gálatas 4:6. Jesús nos da permiso de rezarle a "Abba" como hijos e hijas de Dios. En 2 Samuel 7:14, Dios prometió: "Yo seré para ellos un padre y ellos será para mí mis hijos e hijas." Esto va dirigido a los buscadores de todas las orientaciones sexuales. No se nos pide que cambiemos nuestra orientación sexual, sino que aceptemos nuestra bondad como hijos de Dios.

Todos tendremos nuestro propio Getsemaní alguna vez en nuestra vida. Estos son momentos de agonía espiritual, temor y angustia. Tal vez experimentemos odio y traición. Tal vez tengamos que cargar con una cruz y no estemos deseosos de hacerlo. Todos evitan pagar el costo del discipulado. Durante nuestras penas más amargas y nuestros momentos de angustia podemos decir: "Abba, oh Padre." Tenemos un dulce y amado Padre celestial que se preocupa por nosotros.

Incluso Cristo necesitó a sus compañeros de oración en Getsemaní. Aunque sus amigos durmieron, eso fue mejor que estar solo. Si Cristo necesitó a sus compañeros, nosotros debemos hacer lo mismo durante nuestros Getsemanís. No debemos perturbarnos si nuestros amigos nos decepcionan. Judas traicionó, los demás durmieron, Pedro negó su relación con Jesús y todos salieron corriendo alarmados. Vemos un reflejo del drama de la vida y de la fragilidad humana.

Aparta de mí esta copa. En nuestras vidas, ¿cuál es la copa de la que tenemos que beber? ¿La tristeza? ¿El sufrimiento? ¿La persecución? ¿Un discipulado muy difícil? ¿El sacrificio de la ambición personal? ¿La avaricia? ¿La comodidad? Démoslo a Dios.

Que no se haga lo que yo quiero. Todos debemos entregarnos a la voluntad de Dios. Algunos gritaremos, patearemos y haremos rechinar los dientes. Cristo sudó gotas de sangre en sus momentos de angustia.

Lo que sea tu voluntad. Si rezamos así, nuestras vidas cambiarán. Nos transformaremos.

La Cruz

Aún mientras Cristo estaba muriendo en la cruz, él seguía orando por nosotros con sus últimos alientos.

"Padre, perdona." Uno de mis lugares de oración favoritos es en la Catedral Nacional de Washington. A un lado del santuario principal se encuentra una pequeña área con el espacio suficiente para una persona. Al frente se encuentra una cruz de madera, con una cruz de clavos centrada encima de la primera. En la parte inferior de la cruz se esculpieron las siguientes palabras: "Padre, perdona."

Hace varios años, en un barco de la marina estadounidense, un capellán celebró una tranquila misa de Viernes Santo. Varios marineros acudieron al servicio. Algunos nunca habían acudido a la iglesia antes. Un camión esperaba a los marineros para llevarlos a la ciudad para una tarde de actividades sociales. Estos marineros decidieron quedarse para recordar un evento que había sucedido en una colina de un lugar lejano, hacía mucho tiempo. A medida que la misa se llevaba a cabo, con la lectura de pasajes de la escritura que describían la traición, el arresto y la muerte de Cristo, un joven marinero escuchaba atentamente. De repente, el joven marinero dijo en voz alta: "Capellán, ¡necesito eso que Cristo hizo por mí en la cruz!" Repitió esta frase varias veces. El marinero y el capellán se arrodillaron y comenzaron a rezar: "Jesús, ¡necesito eso que hiciste por mí en la cruz!"

Todos lidiamos con cuestiones relacionadas con el perdón. La naturaleza humana nos hace ser rencorosos, lo que nos lleva a una amargura y un veneno espiritual muy dañino. Si queremos crecer espiritualmente, sanar y madurar, debemos perdonar, así como Cristo nos perdonó a nosotros. Padre, perdona. Un retiro espiritual donde sólo se puedan expresar éstas dos palabras sería una gran experiencia de sanación espiritual. Si usted acude al terapeuta, comparta este concepto espiritual con su terapeuta, su pastor, su amigo espiritual y/o sus compañeros de oración. Tómese el tiempo necesario y prepárese para este ejercicio espiritual. Anticipe la necesidad de sesiones de terapia adicionales. Bien valdrán la pena. Si el nombre paternal de Dios le resulta ofensivo o si causa un bloqueo en sus oraciones, dése permiso de omitirlo o cambiarlo. Perdonar toma mucho tiempo, pero Dios honrará sus sentimientos. Necesitamos perdonar, así como Cristo perdonó. Todos necesitamos eso que Cristo hizo por nosotros en la cruz.

Dios nos ayuda en todas las cuestiones relacionadas con el perdón. Tendremos entereza, paz mental y bendiciones divinas. Mientras más tiempo pasemos junto a la cruz, Dios nos ayudará a perdonarnos a nosotros mismos o a otras personas en nuestras vidas. Que Dios lo bendiga en su travesía espiritual. Que lo "sorprenda la alegría." Amén.



El autor del presente material es "Surprised by Joy (Sorprendida por la Alegría)" (surprisedbyjoy@yahoo.com). "Surprised by Joy" es una ministro Cristiana ordenada que sirve al UFMCC y que descubrió que es maravilloso estar con Dios. Es la intención y la esperanza de todos los que trabajamos en soulfoodministry.org que todos nuestros visitantes experimenten la bondad de Dios y reciban alimento espiritual para su travesía.


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