Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Abril 29

Asesinato, Ira, Insultos, Desprecio

"Pero Yo les digo: Si uno se enoja con su hermano es cosa que merece juicio...vete antes a hacer las paces con tu hermano..." Mateo 5: 22-24

¿Qué nos puede enseñar Jesús sobre el asesinato, la ira, los insultos, el desprecio, las acusaciones y las acciones legales? Bastante. En solo unas oraciones (versos 21-26), nos otorga un resumen de sus enseñanzas sobre la reconciliación con nuestros hermanos y hermanas literales y figurativos. Nos da una percepción nueva sobre la ira.

La ira es tan peligrosa como el asesinato. Es espiritualmente imposible ofrecerle regalos y sacrificios a Dios, cuando tenemos un corazón lleno de ira y de amargura. El mejor regalo que le podamos ofrecer a Dios es la reconciliación pacífica con nuestro prójimo. Es más fácil decirlo que hacerlo, sin embargo vale la pena el esfuerzo y la persistencia. Nos puede llevar años. Nos pueden rechazar, ignorar, calumniar o burlarse de nosotros. Sin embargo, la reconciliación es necesaria para nuestra entereza espiritual. Necesitamos hacer esfuerzos genuinos, inclusive "tragarnos nuestro orgullo." Tal vez necesitemos de consejos, de terapia, de los servicios de un director espiritual o hablar con un amigo o un pastor para obtener ayuda. No es nada sencillo reconciliar las heridas profundas.

Después de la muerte de mi madre, mi hermano dejó de hablarme por doce años. Iniciamos nuestra reconciliación el año pasado a través del correo electrónico. Luego, nos llamamos por teléfono. Ya nos reconciliamos y esperamos poder vernos más adelante. Ambos nos arrepentimos de las malas interpretaciones que hemos cargado dentro de nuestros corazones por tantos años. Nunca vamos a poder recuperar esos años. Nuestra relación afectó profundamente mi vida espiritual. Todavía me afecta. Es mi hermano.

Yo fui capellán de mucha gente durante los últimos momentos de su vida. Si nos hemos de morir en paz, necesitamos reconciliarnos con aquellos a los que hemos herido o que nos han herido. Si hemos de vivir en paz, debemos hacer lo mismo. En vida o a punto de morir, necesitamos reconciliarnos para nuestra curación espiritual. Benditos sean los pacificadores, dijo Jesús. Ya que ellos serán los hijos de Dios.

Oración: Dios mío, ayúdame a reconciliarme con mis hermanos y hermanas. Bendice nuestra pacificación, bendice nuestras oraciones. Amén.

Abril 28 Abril 30

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