Un Día a la Vez, una reflexión diaria
por surprisedbyjoy@yahoo.com
Agosto 1
Cuando Dios parece no responder
Jesús marchó de allí y se fue en dirección a las tierras de Tiro y Sidón. Una mujer cananea, que llegaba de ese territorio, empezó a gritar: "¡Señor, hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija está atormentada por un demonio". Pero Jesús no le contestó ni una palabra. Entonces sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Aléjala, mira cómo grita detrás de nosotros". Jesús contestó: "No he sido enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel". Pero la mujer se acercó a Jesús y, puesta de rodillas, le decía: "¡Señor, ayúdame!". Jesús le dijo: "No se debe echar a los perros el pan de los hijos". La mujer le contestó: "Es verdad, Señor, pero también los perritos comen migajas que caen de la mesa de sus amos". Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡que grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo". Y en aquél momento quedó sana su hija. Mateo 15:21-28
¿Qué hacemos cuando Dios parece no responder? ¿Dejamos de rezar y abandonamos nuestra esperanza? ¿O volteamos cada piedra y llamamos a cada puerta hasta recibir una respuesta? Todas éstas preguntas encuentran sus respuestas en esta historia de una madre desesperada.
Una revista que lleva por nombre "Biografía" tiene un lema muy sencillo: Cada vida tiene una historia. Y la historia de esta mujer habla sobre la fe, la esperanza y el amor. Ella no era judía, sin embargo se enteró del Sanador. Milagrosamente, El se encontraba en el país, muy cerca de ella. Su preciada hija sufría terriblemente y nada podía ayudarla. La mujer estaba dispuesta a mover cielo y tierra para poder tener una audiencia con Jesús.
Lo buscó y cuando lo encontró, comenzó a solicitar su misericordia. Ella lo llamó desesperadamente utilizando el nombre judío de Mesías, el enviado de Dios. Lo llamó con urgencia una y otra vez. Y Dios parecía no responder. Jesús se negaba a responderle. Sus gritos eran fuertes y molestos para los discípulos de Jesús. Los discípulos le pidieron a Jesús que la alejara. Los gritos ruidosos que pedían misericordia y curación para su hija molestaban a los demás. A fin de cuentas, la persona enferma era ajena a ellos.
Jesús me sorprende con la conversación que sostuvo con la mujer. El le recuerda a la mujer y a sus discípulos que fue enviado únicamente para cuidar a las "ovejas perdidas del pueblo de Israel". Y la mujer de inmediato se arrodilla ante sus pies y ruega por su misericordia. Jesús le responde, diciéndole que no es correcto quitarle la comida a los hijos para darla a los perros. La valiente mujer persiste. "Es verdad, Señor, pero también los cachorros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos". Ella se negaba a retirarse sin que Jesús le ofreciera una migaja de sanación y misericordia. Jesús felicitó y bendijo a esta persistente mujer. "Mujer, ¡que grande es tu fe!. Que se cumpla tu deseo". Y en aquél momento quedó sana su hija.
¿Cómo rezamos cuando Dios parece no responder? Esta desesperada mujer nos enseña a rezar con fe, esperanza y amor. Su valentía puede ser nuestra valentía. Podemos acercarnos a Jesús para recibir su misericordia. Podemos mover el cielo y la tierra con nuestras plegarias persistentes. Tal vez deberíamos comenzar arrodillándonos. No hay tal cosa como una pequeña plegaria.
Oración: Dios mío, ten misericordia de nosotros y escucha nuestros rezos. Amén.
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