Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Agosto 21

Entonces ¿qué habrá para nosotros?

Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: "Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte. ¿Que recibiremos?". Jesús contestó: "A ustedes que me han seguido yo les digo: cuando todo comience nuevamente y el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, ustedes también se sentarán en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel, y todo el que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o propiedades por causa de mi Nombre, recibirá cien veces más y tendrá por herencia la vida eterna. Muchos que ahora son primeros serán últimos y otros que ahora son últimos serán primeros." Mateo 19:27-30

Yo aprecio profundamente la honestidad directa del impulsivo de Pedro. El ha seguido ansiosamente la conversación entre Jesús y el joven rico. Al igual que los demás discípulos, se ha asombrado por las enseñanzas de Jesús sobre la riqueza y el reino de Dios. Se asombró cuando al joven se le dijo que dejara sus pertenencias antes de seguir a Jesús. Así es que Pedro pregunta algo que me imagino estaba en la mente de todos los demás. "Jesús", razonó, "¡dejamos todo para seguirte! Entonces, ¿que habrá para nosotros?". Es decir, ¿qué hay para mí?

No hay nada de malo en esta pregunta. El y todos los demás dejaron sus trabajos y sus recursos financieros con el fin de seguir a este asombroso Jesús. Me puedo identificar con esta pregunta, ya que en mi ministerio tampoco recibo un sueldo pues sirvo al evangelio de tiempo completo. Si existe un evangelio de prosperidad, !nunca lo he visto¡

Vemos que Jesús pacientemente explica el futuro regalo que obtendrán los discípulos. "Algún día amigo, dijo él, cuando todo comience nuevamente y el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, ustedes también se sentarán en doce tronos de poder, honor y gloria. Yo honraré su fiel servicio". Esto es lo mejor que se puede obtener.

Y el Maestro continuó predicando con palabras que persisten aún hoy en día. Todos los que hayan servido al evangelio mediante sacrificios en obediencia al llamado de Cristo, recibirán algún día una recompensa. Y los últimos serán los primeros. Los primeros serán los últimos.

La gratificación retardada nunca ha sido fácil. Debemos servir fielmente aquí y ahora. Es posible que en esta vida nunca logremos ver la recompensa de nuestro servicio y sacrificio por el evangelio. Pero algún día escucharemos que Aquél que nos ha llamado por nuestro nombre nos dirá "bien hecho, mi buen y fiel servidor". Y eso es "lo mejor que se puede obtener". Es más que suficiente.

Oración: Dios mío, ayúdanos a ser fieles sirvientes en Cristo. Ayúdanos a servir con corazones amorosos y ansiosos. Amén.

Agosto 20 Agosto 22

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