Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Agosto 25

Jesús se detuvo

Al salir de Jericó, les iba siguiendo una gran multitud de gente. En algún momento, dos ciegos estaban sentados a la orilla del camino y al enterarse de que pasaba Jesús, comenzaron a gritar: "¡Señor, hijo de David, ten compasión de nosotros!". Jesús se detuvo, los llamó y les pregunto: "¿Qué quieren que haga por ustedes?". Ellos dijeron: "Señor, que se abran nuestros ojos". Jesús sintió compasión y les tocó los ojos. Y al momento recobraron la vista y lo siguieron. Mateo 20:29-34

Esta maravillosa historia sobre la ceguera espiritual se registra en otros dos acontecimientos dentro del evangelio (Marcos 10:46-52; Lucas 18:35-43). Si usted tiene tiempo, léalos. Cada autor comparte su propia perspectiva y sus memorias sobre este dramático incidente. Pero, por hoy, sigamos con la experiencia de Mateo.

Jesús y sus discípulos dejaban la ciudad de Jericó. Como siempre, los seguía una muchedumbre. Podemos apreciar el drama del evangelio. Dos hombres ciegos estaban sentados a la orilla del camino. Escucharon a la muchedumbre y se dieron cuenta de que Jesús estaba pasando por ahí. ¡Esta era su oportunidad divina! Comenzaron a gritar lo más fuerte que podían: "¡Señor, hijo de David, ten compasión de nosotros!". Se negaron a quedarse callados. Gritaron una y otra vez. La gente que sí podía ver los regañaba y trataba de callarlos. Sin embargo, ellos se rehusaban a aceptar pasivamente su ceguera y continuaron gritando hasta que Jesús se detuvo.

Y Jesús se detuvo.

Jesús escuchó los gritos pidiendo misericordia y se detuvo. Les preguntó qué querían. Ellos querían ver. Y una vez más, vemos otro ejemplo de la compasión de Jesús. Les tocó los ojos. Ellos inmediatamente recobraron la vista y alegremente lo siguieron.

Hay muchas lecciones en esta historia. A veces no tenemos porque no pedimos. En ocasiones debemos ser persistentes en nuestras oraciones. Debemos recordar que no existe tal cosa como una oración pequeña. Jesús se detendrá a escuchar los gritos de nuestro corazón. El es la compasión encarnada.

Muchas personas viven vidas espiritualmente ciegas. Aunque estaban ciegos, éstos hombres tenían un entendimiento espiritual. Ellos claramente entendían que Jesús era el Enviado de Dios. Sólo Cristo los podía sanar. Y cuando recobraron su vista, dejaron todo ansiosamente para seguir al Dador de la vista.

Estos dos hombres nos ayudan a que nosotros "veamos" a Jesús. El significado de la vida es poder ver.

¿En qué parte de esta historia nos vemos reflejados? En comparación con la muchedumbre, ¿estamos igual de ciegos espiritualmente? ¿O tenemos una visión espiritual tal como la tenían los ciegos? ¿Qué vemos cuando vemos a Jesús? ¿Lo seguimos ciegamente o con un entendimiento espiritual?

Oración: Dios mío, ayúdanos a ver a Jesús con ojos llenos de fe. Amén.

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