Un Día a la Vez, una reflexión diaria
por surprisedbyjoy@yahoo.com
Agosto 28
Juicio y una lección de oración
Al regresar a la ciudad, muy de mañana, Jesús sintió hambre. Divisando una higuera cerca del camino, se acercó pero no encontró más que hojas. Entonces dijo a la higuera: "¡Nunca jamás volverás a dar fruto!". Y al instante la higuera se secó. Al ver esto, los discípulos se maravillaron: "¿Cómo pudo secarse la higuera y tan rápido?". Jesús les declaró: "En verdad les digo: si tienen tanta fe como para no vacilar, ustedes harán mucho más que secar una higuera. Ustedes dirán este cerro: ¡Quítate de ahí y échate al mar! y así sucederá. Todo lo que pidan en la oración, con tal de que lo crean, lo recibirán." Mateo 21:18-22
¿Qué significa esta higuera y esta lección de oración para nosotros?. Mateo nos relata que la higuera se secó de inmediato. En Marcos 11:12-14, 20-25, la higuera tarda un poco más en secarse. Los pies de página de la Nueva Biblia Internacional sugieren que este es un ejemplo del juicio inmediato de Dios.
Este intrigante incidente es muy revelador. En el capítulo anterior, ¡Jesús estaba galopeando triunfantemente hacia Jerusalén mientras las multitudes le gritaban unos entusiastas Hosannas! Luego vimos que Jesús perdió su temperamento dentro del Templo con los ambiciosos prestadores de dinero, quienes se aprovechaban de los vulnerables peregrinos espirituales que llegaban al Templo para orar. Jesús literalmente derrumbó las mesas en donde se intercambiaba el dinero. Y ahora Jesús proclama un juicio sobre la higuera que solo tenía hojas. Inmediatamente después de este evento, los líderes religiosos de esa época cuestionan su autoridad una vez más.
Entonces, ¿de qué se trata esta experiencia? ¿Cómo podemos aplicar esto en nuestra vida moderna? ¡Resulta obvio que Jesús había anticipado ansiosamente el desayuno! Para su disgusto, la higuera no tenía frutos. Y pronuncia un juicio a la higuera con estas palabras: "¡Nunca jamás volverás a dar fruto!".
El dar frutos es una metáfora espiritual muy común dentro de las escrituras con la cuál yo lucho en mi vida de mujer urbana. No tengo experiencia alguna en el campo de la agricultura y suelo divertir bastante a mis vecinos, ya que apenas estoy aprendiendo la diferencia entre las hierbas malas y las flores que hay en mi jardín. Pero sí entiendo lo que significa estar secos de espíritu y de vida. Algún día mi vida también entrará al juicio divino.
A todos nosotros nos preguntarán algún día si nuestra vida fue fructífera o seca en cuanto a bondad, generosidad, hospitalidad, amabilidad, amor, misericordia y justicia. Tal vez sea hora de cultivar y nutrir un nuevo espíritu mientras seguimos a Cristo.
¿Y qué hay sobre esta enseñanza de la oración? Jesús dice que "es la verdad". Si nosotros tenemos fe y si estamos libres de duda, podemos hacer más que lo que él hizo con la higuera. Jesús concluye esta enseñanza con un poderoso comentario: "Todo lo que pidan en la oración, con tal de que lo crean, lo recibirán".
Yo he pedido muchas cosas para mi vida mediante la oración. No recuerdo haber recibido respuestas para todas mis peticiones. Sin embargo, en muchas ocasiones no he orado tanto como debiera. Mi vida de oración es imperfecta en el mejor de los casos. ¡Y yo soy una ministro ordenada con más de cuarenta años de vida Cristiana! Tal vez mis oraciones han estado tan secas como esa higuera.
El fruto de nuestras oraciones puede cambiar al mundo, puede ayudar a muchos y puede transformar nuestras vidas personales. Entonces, ¿por qué dudamos al orar y por qué creemos que nada es imposible para Dios?
Una vez más, tenemos muchas preguntas y las respuestas serán tan variadas como cada lector. Que oremos con fe y que podamos mover enormes montañas. Señor Jesucristo, ¡enséñanos a orar por una vida llena de frutos espirituales!
Oración: Dios mío, a mí en lo personal me falta fe para rezar lo suficientemente fuerte como para poder mover montañas. ¡Ayuda a mi incredulidad! Enséñame a rezar de tal forma que mi vida y la vida de los demás sean productivas, amorosas y benditas. Amén.
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