Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Agosto 9

Fe de una semilla de mostaza

Cuando volvieron donde estaba la gente, se acercó un hombre a Jesús y se arrodilló ante él. Le dijo: "Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y su estado es lastimoso. A menudo se nos cae al fuego y otras veces al agua. Lo he llevado a tus discípulos pero no han podido curarlo". Jesús respondió: "¡Qué generación tan incrédula y malvada! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuando tendré que soportarlos? Tráiganmelo acá". En seguida Jesús dio una orden al demonio, que salió y desde ese momento el niño quedó sano. Entonces los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron en privado: "¿Por qué nosotros no pudimos echar a ese demonio?". Jesús les dijo: "Por qué ustedes tienen poca fe. En verdad les digo, si tuvieran fe del tamaño de un granito de mostaza, le dirían a este cerro: Quítate de ahí y ponte más allá y el cerro obedecería. Nada será imposible para ustedes." Mateo 17:14-21

He conocido a personas que han perdido la fe en Dios por culpa de estos versos. Ellos también se han arrodillado en oración pidiéndole a Jesús por su misericordia y su sanación. Se han preparado diligentemente para recibir un milagro y han luchado para tener una fe del tamaño de una semilla de mostaza. Si creen lo suficiente, Dios los sanará, ya que nada es imposible cuando se tiene fe. Luego, al levantarse por la mañana, siguen enfermos y sin sanar. Se llenan de resentimiento hacia Dios y se desilusionan de las promesas incumplidas de Jesús.

Entonces, ¿de qué se trata todo esto? ¿Qué significó esto cuando se hizo el milagro y qué significado tiene esta historia para nosotros hoy en día? ¿Cómo entendemos y aplicamos algo de valor a nuestra vida diaria?

Casi siempre pasamos por alto lo que acaba de suceder. Santiago, Juan y Pedro acaban de tener una asombrosa experiencia con Jesús en la cima de la montaña. Jesús específicamente los eligió a ellos tres sobre todos los demás. No sabemos por qué sólo eligió a tres personas y por qué los demás se quedaron acompañando a la muchedumbre impaciente.

Los discípulos que se quedaron hacían su mejor esfuerzo ante la ausencia de Jesús. Trataban de compartir con la multitud lo que Jesús les había dado. El padre, desesperado, quería que su hijo sanará. Tal vez confiaba en que los discípulos podían sanar sin la presencia de Jesús. Tal vez los discípulos que se quedaron tampoco tenían fe. La multitud quería ver a Jesús, no a sus discípulos. Jesús era el famoso hacedor de milagros en quien confiaban y que venía de parte de Dios.

Una vez que Jesús sana al niño con una sola palabra, los discípulos se acercan a él en privado y le piden una explicación por su falta de poder. Y Jesús les dice la verdad. Su fe era muy pequeña. Su fe era aún más pequeña que una semilla de mostaza, la semilla más pequeña de la antigua Palestina. Sin Jesús, ellos no podían hacer nada. Con una fe más profunda, ellos podían mover montañas.

Yo creo en los milagros. Sin embargo, no tengo el don de curar a los niños que padecen de epilepsia. ¿Acaso mi fe es muy pequeña? A veces sí lo es. Se me olvida que Dios es grande y generoso. Se me olvidan los demás milagros que ocurren en mi vida diaria. Se me olvida que no hay tal cosa como una oración pequeña. Se me olvidan mis oraciones previas que ya han sido contestadas y sanadas y que son tantas que no se pueden enumerar.

Pero Dios no se puede manipular. El tiempo de Dios puede que no sea el nuestro. Y en ocasiones no tenemos los ojos de la fe para poder ver la verdadera sanación espiritual que se nos da.

Oración: Dios mío, danos la fe de la semilla de mostaza. Amén.

Agosto 8 Agosto 10

Agosto 2000       Página Principal de Devociones Diarias