Un Día a la Vez, una reflexión diaria
por surprisedbyjoy@yahoo.com
Diciembre 10
Un hombre llamado Joe
¿No saben que, en las carreras del estadio, todos corren, pero solamente uno consigue el premio? Corran de tal manera que lo logren. Los atletas se abstienen de todo con el fin de obtener una corona corruptible, mientras que nosotros aspiramos a una incorruptible. Yo, pues, corro, pero no sin rumbo; lucho, no como quien da golpes al aire, sino que disciplino mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de enseñar a los demás, quede yo descalificado. I Corintios 9:24-27
Hace algunos años, tuve la loca idea de correr un maratón como celebración de mi cumpleaños número cuarenta. Mi vecino, Joe, había corrido exitosamente en cinco maratones anteriores, por lo que me dio un sinnúmero de consejos y sugerencias que seguí religiosamente durante mi rigurosa rutina de entrenamiento.
'Joe,' le pregunté cuando nos aproximábamos a la línea de salida, '¿Qué tengo que hacer para terminar la carrera? ¿Qué es lo más importante?' 'Bueno...mmm...sólo hay una cosa,' me respondió. 'Si la haces, terminarás el maratón. Si no la haces, entonces no. Bebe agua. Detente en cada estación de agua y bebe agua, así te lo pida tu cuerpo o no. Si haces esto, estarás bien.'
Joe era uno de los corredores punteros cuando le perdí la pista. Corrí con otros miles de corredores y me detuve en todas las estaciones de agua, bebiendo vasos de agua aunque no tuviese sed. Cuando llegué a la milla 23, me dolía todo el cuerpo y tenía ganas de abandonar la carrera. Comencé a cantar la doxología. Me rehusé a darme por vencido y me decidí a terminar la carrera aunque fuese a gatas. ¡Y sí terminé la carrera! Recibí una medalla, un abrazo y muchas felicitaciones. Fue una alegre experiencia.
Cuando regresé a casa, tomé un baño y luego le llamé a mi amigo Joe. Su preocupada esposa contestó el teléfono. Ella no lo había visto terminar la carrera y pensaba que él estaba conmigo. Horas después, encontró a Joe en un hospital de la localidad. Estaba gravemente deshidratado. Como verán, no siguió sus propios consejos. Ocupado por la emoción de la carrera, él había decidido correr a toda velocidad y se olvidó de tomar agua en cada una de las estaciones de agua. Sufrió un colapso en la milla 23 y se le tuvieron que administrar líquidos intravenosos de emergencia. Quedó descalificado y no pudo terminar la carrera.
La iglesia es nuestra estación de agua. Si deseamos prosperar y servir a Dios, necesitamos hacer uso de las estaciones de agua conjuntamente con otras personas de fe que nos alienten y nos exhorten a seguir. Nosotros también los alentaremos y les exhortaremos a que sigan. Es algo que fluye en ambos sentidos. Dios nos llama a funcionar como una comunidad de fe. Necesitamos la veneración periódica como parte de nuestro entrenamiento para la carrera, nos guste o no. Necesitamos tomar las cosas con calma y beber con gusto la palabra de Dios, orando y cuidando a nuestros semejantes, antes de retornar a nuestras vidas tan ocupadas.
A medida que se aproxima la Navidad, le recomiendo ir a la iglesia a beber un gran vaso de agua. Busque una iglesia que acepte a personas de todas las orientaciones sexuales. Ayude a otros a corren en el maratón de la vida. Disfrute recordando el motivo de la temporada. Alabe a Dios cuando las cosas se pongan difíciles.
Oración: Bendito sea Aquél de quien emanan todas las bendiciones; alabado sea en la tierra por todas las criaturas; alabado sea en los cielos, Anfitrión celestial; alabado sea el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.
Página Principal de Devociones Diarias