Un Día a la Vez, una reflexión diaria
por surprisedbyjoy@yahoo.com
Diciembre 13
Has sido un maravilloso amigo
El amigo ama en todo tiempo... Proverbios 17:17a
Cuando falleció mi abuelo, mi abuela estaba desconsolada. Se había ido el compañero de su vida durante setenta y dos años. Ella había sido fuerte como una roca durante las etapas finales de su enfermedad y el funeral. Pero una vez que terminó todo, ella estaba exhausta. Tuve el privilegio de llevarla a su casa de verano la semana después al funeral del abuelo. Ella había adquirido la pequeña cabaña durante sus primeros años en los Estados Unidos. Sus hijos habían crecido ahí y ellos solían hacer fiestas de día de campo para sus amigos noruegos durante el verano. El abuelo había enseñado a todos sus nietos a nadar en el lago local. El tenía los nervios de acero, pues también nos enseñó a conducir un automóvil y nos ayudó a obtener nuestras licencias de conducir para estudiantes.
Durante esa semana, cociné para la abuela y la llevé a pasear en automóvil. Nos sentamos en el jardín y platicamos sobre su vida con el abuelo. Durante las tardes, íbamos al lago y observábamos los barcos. Ella se tomaba largas y pacíficas siestas bajo los rayos del sol. Recuerdo cómo la observaba dormir mientas mi corazón me dolía por ella. Durante los últimos diez años, la abuela había cuidado del abuelo las veinticuatro horas del día. Estaba cansada y desgastada. Gradualmente comenzó a percibir la realidad de su pérdida. Nos compenetramos muchísimo. Valoro cada recuerdo que tengo de esa difícil y bendita semana.
De pronto, era hora de cerrar la cabaña de verano y regresar a casa. Mi abuela volteó a verme y me dijo, "Gracias por ser una amiga tan maravillosa." Y yo le agradecí por ser una abuela tan maravillosa.
¿Qué tipo de legado dejaré cuando yo muera? Tal vez como ministro, pude alentar a alguien que estaba hospitalizado o tal vez prediqué algunos sermones buenos. He tratado de ser amable y cortés, siendo generoso con mi tiempo y con mis talentos del ministerio especialmente con los pobres. Pero las palabras de mi abuela siguen repicando en mi corazón. Pude ser su amiga, así como fui su nieta. Y ella confió en mí lo suficiente como para pedirme que impartiera la misa durante el funeral de su esposo y para solicitar que también impartiera la misa en su propio funeral cuando ella falleciese. Esta es una parte muy significativa de mi legado. Le doy gracias a Dios inmensamente por esos recuerdos. Ella era más que una abuela para mí. Era mi amiga. Y una amiga siempre ama.
Oración: Dios mío, bendícenos con un legado de amistades profundas. Amén.
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