Un Día a la Vez, una reflexión diaria
por surprisedbyjoy@yahoo.com
Diciembre 19
La canción de María
Entonces María dijo: "Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones." Lucas 1:46-48
Pronto será Navidad. Los días están llenos con pensamientos de compras y las tardes vienen acompañadas de invitaciones a fiestas navideñas y de oportunidades para cantar villancicos. Cuando era una niña, mis vecinos solían cantar villancicos alrededor del vecindario antes de regresar para tomar sopa y chocolate caliente. Hacer esto en el Medio Oeste de los Estados Unidos era toda una hazaña. La escarcha cubría el cristal de las ventanas y la nieve crujía debajo de nuestros pies. Mi madre siempre nos recordaba que debíamos utilizar nuestros guantes y la ropa interior larga. Visitábamos y cantábamos para los ancianos, para aquellos que no podían salir y para las personas que estaban en los hospitales y en las casas de reposo de la localidad. Estoy segura de que sonábamos horriblemente, pero las personas sonreían y agradecían nuestros esfuerzos. Éramos una bendición para algunos y una tribulación para otros. ¡De eso estoy segura!
Por el otro lado, la madre de Jesús ha sido una bendición para todas las generaciones. Muchas de sus palabras han sido convertidas en canciones. Los versos de hoy son un famoso himno de alabanza, conocido bajo el nombre del Magnificat. En la traducción del Latín Vulgata, la palabra de apertura es Magnificat, lo que significa "glorifica." Esta humilde niña y campesina judía era una mujer con una fe profunda y un vasto conocimiento de las escrituras. Muchos estudiosos de la Biblia nos exhortan a leer la canción de María como un salmo y a compararla con la canción de Hannah (1 Samuel 2:1-10).
La joven María era una virgen comprometida con José. Durante su compromiso, recibió la extraordinaria visita del ángel Gabriel. Gabriel había sido específicamente enviado por Dios para darle el mensaje a María. María había sido favorecida por Dios y elegida para dar a luz al niño que cambiaría la historia del mundo. Engendraría a su hijo mediante el Espíritu Santo y lo llamaría Jesús. Y su respuesta inicial a la visita de Gabriel está registrada anteriormente en este capítulo, con las famosas palabras: "Soy el siervo de Dios. Hágase en mi tu voluntad. Que se haga en mi lo que haz dicho." Ella comprendió que nada era imposible para Dios.
De inmediato María se fue para pasar varios meses con su pariente Isabel, quien estaba embarazada. Isabel estaba maravillada de ver a María, por lo que la bendijo. Después de la bendición, María pronunció las maravillosas palabras del Magnificat.
Esta maravillosa y joven mujer nos demuestra como deleitarnos en Dios, su Salvador. María admiraba mucho a Dios. Se regocijaba en Dios y lo alababa por esa intervención tan personal en su vida. María estaba deseosa de que Dios la utilizara de una manera tan milagrosa.
La respuesta de María puede ser la nuestra. Fuimos creados para bendecir a Dios. Sin una relación personal con el Santísimo, estamos incompletos. Necesitamos bendecir, alabar y glorificar a Dios todos los días. Alabar a Dios es bueno para nuestras almas.
Oración: Nos regocijamos y glorificamos en ti, Dios nuestro Salvador. Amén.
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