Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Diciembre 6

Fortaleza para los cansados y los débiles

¿Es que no lo sabes? ¿Nunca lo has oído? El Señor es un Dios eterno y ha creado toda la tierra. No se cansa ni se fatiga, y su inteligencia es inescrutable; fortalece al cansado, da energías al débil. Se cansan los jóvenes y se fatigan, los muchachos tropiezan y caen; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas: vuelan como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan. Isaías 40:28-31

En días pasados, me encontraba limpiando mis archivos cuando me topé con un viejo sermón basado en éstos versos. Había predicado un mensaje titulado, "Fortaleza Sorprendente" en un hospital naval unos cinco años atrás. A mi mente llegaron vivos recuerdos de una señora calva, valiente y callada que llegó a la capilla para asistir al servicio del domingo por la mañana.

Ella trajo consigo su botella llena de líquido intravenoso, tambaleante con cada uno de sus pasos. Durante el mensaje, nunca me quitó la vista de encima. Una parte del servicio la dedicábamos a las bendiciones especiales y a la unción para aquellos que requerían de oraciones de sanación. Ella estaba demasiado débil para acercarse a mí para la oración, por lo que yo acudí a ella. La mujer estaba recibiendo un tratamiento masivo de quimioterapia y radiaciones debido a un cruel cáncer metastático. Su prognosis era bastante mala. Sólo Dios podía ayudarla. No éramos las únicas personas en la congregación que teníamos lágrimas en nuestros ojos.

Una vez que terminó el servicio, visité a esta frágil mujer en su cuarto del hospital y la encontré descansando en su cama con una Biblia abierta sobre su regazo. Sin duda, la Biblia estaba abierta en éstos versos. Ella se esforzaba por respirar a medida que relataba su lucha con el dolor y la muerte próxima. Las escrituras le habían dado ánimos para aguantar un día más. Ella literalmente se había imaginado a sí misma volando con las águilas y compartiendo su poder y fortaleza.

No recuerdo qué otra cosa me platicó. Su inmensa fe era humillante. Su valor y su dignidad eran profundas. Estas palabras le ayudaron a vivir un día más con fortaleza y esperanza. La enfermedad desgastaba su cuerpo, pero su fe en Dios era vibrante y profunda. No tenía miedo.

Probablemente ya falleció. Pero siempre recordaré su valor y su fe. Siempre recordaré su mirada mientras escuchaba mis palabras. Siempre recordaré su Biblia abierta durante aquellos momentos de necesidad y sufrimiento físico. Ella se dio cuenta de que con Dios bastaba. Con ello obtuvo la fortaleza necesaria para vivir un día a la vez.

Oración: Dios mío, fortalece nuestra fe en cualquier circunstancia en la que nos encontremos mediante éstas bellas palabras de valor y ayuda. Amén.

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