Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Diciembre 7

Recordando Pearl Harbor

¿Es que no lo sabes? ¿Nunca lo has oído? El Señor es un Dios eterno y ha creado toda la tierra. No se cansa ni se fatiga, y su inteligencia es inescrutable; fortalece al cansado, da energías al débil. Se cansan los jóvenes y se fatigan, los muchachos tropiezan y caen; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas: vuelan como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan. Isaías 40:28-31

¡Recordemos Pearl Harbor! ¿Cómo podría olvidarlo? El cumpleaños de mi muy querida abuela era el 7 de diciembre. Una de las historias que ella más repetía trataba sobre el ataque japonés a la base norteamericana en Pearl Harbor. Ella y mi abuelo habían celebrado su cumpleaños en casa junto con un grupo de nuevos amigos norteamericanos. La radio estaba encendida y uno de los invitados escuchó las terribles noticias del ataque. La celebración de la fiesta se detuvo y todos se reunieron horrorizados y consternados alrededor de la radio. Muchos de ellos tenían hijos y pronto serían reclutados para ir a la guerra. Algunos de ellos no regresarían a casa. Mi tío era una de esas personas con la suficiente suerte para regresar de la guerra con heridas mínimas. También regreso de Inglaterra con una preciosa novia.

Recuerdo las historias de Pearl Harbor tan bien como recuerdo a mi querida abuela. Ella dejó un maravilloso legado para todos sus nietos. Nos enseño sobre la vida. Todos nos enfermamos, tenemos accidentes y perdemos a nuestros seres queridos. Ella nos exhortaba a vivir nuestros sueños. Su propio sueño era tener una mejor vida en los Estados Unidos de Norteamérica, por lo que tuvo el suficiente valor para abandonar su natal Noruega, así como a su familia y sus amigos. Por medio de su vida valerosa, nos enseñó a vivir con fortaleza y esperanza aún en los tiempos más difíciles.

Tarde o temprano, todos nos sentiremos indefensos, débiles, fatigados y desanimados. Jóvenes o ancianos, hombres o mujeres, todos nos cansamos e inclusive podemos estar tan exhaustos como para no movernos. A veces parece que la vida nos presenta demasiados obstáculos, dificultades y angustias. Son ocasiones en las que tratamos de hacer demasiado durante mucho tiempo y con muy poco descanso.

Aun así, mi abuela me enseñó que Dios quiere darnos una fortaleza asombrosa. Es un maravilloso intercambio de fortalezas. Nosotros le entregamos a Dios nuestra endeble fortaleza y Él nos entrega una fortaleza asombrosa. Cuando aguardamos con esperanza, nos encontraremos volando tan alto como las águilas.

Una cantidad considerable de águilas viven a unas 10 millas de mi hogar. Me gusta verlas cómo se alimentan durante la marea baja. A veces las veo subir muy alto y es cuando me acuerdo sobre la promesa de Dios para hoy en día. Cuando aguardamos al Señor, encontraremos la fortaleza que necesitamos para vivir el día de hoy y volaremos como águilas de fe.

Oración: Dios mío, ayúdanos a volar tan alto como las águilas. Amén.

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