Un Día a la Vez, una reflexión diaria
por surprisedbyjoy@yahoo.com
Diciembre 8
Ayuda para la oración
Siempre que me acuerdo de ustedes, doy gracias a mi Dios. Cuando ruego por ustedes lo hago siempre con alegría, porque han colaborado en el anuncio del evangelio desde el primer día hasta hoy. Estoy convencido de que Dios que comenzó en ustedes una obra tan buena, la llevará a feliz término para el día en el que Cristo Jesús se manifieste. Está justificado esto que yo siento por ustedes, pues los llevo en el corazón, y todos ustedes participan de este privilegio mío de estar preso y poder defender y fortalecer el evangelio. Dios es testigo de que a todos ustedes los quiero entrañablemente en Cristo Jesús. Filipenses 1: 3-8
La Biblia contiene cientos de oraciones. Ciertamente, Cristo rezó con grandeza y sus oraciones nos ofrecen entendimiento y comprensión para toda nuestra vida. Otro maestro de la oración, el apóstol Pablo, escribió la oración del día de hoy. Escribió la oración desde una cárcel del siglo I después de haber sido recluido por su fe cristiana. Pablo podría haber optado por sumergirse en las profundidades de la depresión, la desesperanza y el desánimo. En vez de esto, él nos ofrece oraciones y pensamientos que nos enseñan a vivir con grandeza en tiempos de sufrimiento y problemas. Sintámonos reconfortados sabiendo que Dios está realizando un buen trabajo dentro de nosotros.
Como ministro de fe, una de las preguntas que me hacen con mayor frecuencia es sobre la oración. A las personas les interesa sus vidas espirituales, pero a menudo no saben cómo comenzar a orar. A veces nos preguntamos si Dios en realidad escucha y responde a nuestras oraciones. A menudo sentimos la necesidad de rehacer nuestras vidas antes de acercarnos a Dios para pedir su ayuda.
Escuché esto con frecuencia cuando servía como capellán en un hospital que trataba a pacientes con problemas de drogas y alcohol. Durante su participación en el programa de rehabilitación, muchos pacientes participaban en un Programa de Doce Pasos. Sabían que sus vidas estaban fuera de control y que necesitaban ayuda de un Poder Superior. Yo enseñaba un programa de espiritualidad básica para éstos grupos basado en las siglas ACAS: Adoración, Confesión, Agradecimiento y Súplica. Una y otra vez, me daba cuenta de que a las personas se les dificultaba demostrar su agradecimiento. "Capellán," me decían, "no tengo nada por lo que pueda estar agradecido. Mi vida está arruinada. Perdí a mi familia, a mis hijos, mi salud, mi trabajo y mis sueños. No puedo orar sino hasta que rehaga mi vida."
Pero Dios está listo en el momento en que nosotros lo estemos. Nuestras oraciones más honestas suelen ser aquellas que decimos cuando estamos arruinados y llenos de remordimientos. Cuando estamos débiles, nuestras oraciones son fuertes. La oración nos lleva más allá de la supervivencia básica y nos proporciona fortalecimiento espiritual, grandeza y madurez. No hay tal cosa como una oración pequeña.
Este tipo de oración tiene el poder de cambiar las cosas. También cambia a aquél que ora. Le recomiendo experimentar con Dios. Comience conversando con Dios durante cinco minutos diarios durante el resto de este mes. Durante sus conversaciones, enumere las cosas y las personas por las que usted está agradecido. Nunca volverá a ser el mismo otra vez. La oración con agradecimiento nos fortalece.
Y aún si esto le parece imposible, considere orar por otras personas. Agradézcale a Dios por ellos. Rece por aquellos a quien usted ama y aquellos que odia. Rece por sus amigos, colegas, vecinos y parientes. Corrie Ten Boom era una sobreviviente en un campo de concentración alemán. Ella dijo, "La cosa más grande que una persona puede hacer por otra es orar por ellos."
Oración: Dios mío, enséñanos a orar. Amén.
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