Un Día a la Vez, una reflexión diaria
por surprisedbyjoy@yahoo.com
Febrero 14
"Párense..." (Salmo 46: 10a)
La sencillez del alimento para el alma puede ser experimentada a través de la quietud. Esto es algo que suele atemorizarnos. La quietud, el silencio y la soledad van en contra de nuestra cultura, por lo menos en donde yo vivo en América de Norte. Siempre estamos tan ocupados. Nuestro mundo está lleno de ruidos e interrupciones.
Pero la quietud nos ayuda a conocer a Dios. Podemos desarrollar una conciencia espiritual con algunas sencillas prácticas diarias de posturas estacionarias. Pararnos, sentarnos, arrodillarnos y acostarnos en la alfombra o en el pasto nos ayuda a orar. Quitarnos los zapatos y retirarnos a un rincón callado para llevar a cabo la meditación personal y para escribir nuestro diario puede ayudarnos a centrarnos y a enfocarnos en nuestra vida interna. En el caso de la meditación sostenida, sentarse es la mejor opción. Al sentarnos rectos, no tensos, con nuestros pies planos sobre el suelo y en una silla cómoda o en una banca de meditación, podemos estar aleta y atentos a nuestro espíritu.
Sentarnos es un arte perdido. El movimiento puede distraernos. Aprender a sentarnos quietos es una práctica contemplativa de antaño valorada por distintas tradiciones. Tilden Edwards una vez dijo, "un cuerpo quieto invita a una mente quieta y receptiva."
Para su práctica espiritual del día de hoy, considere sentarse quieto durante un periodo de treinta segundos a dos minutos. Escuche su respiración y el latido de su corazón. Permita que su conciencia esté consciente de la presencia amorosa de Dios.
Oración: Dios, ayúdanos a estar quietos y a saber que tú eres Dios. Amén.
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