Un Día a la Vez, una reflexión diaria
por surprisedbyjoy@yahoo.com
Febrero 27
¿Quién soy Yo?
Existe una gran diferencia entre escribir un recuento de nuestros días y escribir un diario. El recuento de nuestros días nos sirve para registrar los eventos diarios que ocurren en nuestras vidas. El diario puede comenzar registrando estos eventos, pero luego va más allá al registrar cómo hemos sido afectados por esos eventos. Escribir un diario nos ayuda a poner en orden los sentimientos de nuestra vida diaria, nuestras relaciones y los eventos del mundo alrededor. Los diarios nos ayudan a "hablar con nosotros mismos." Ya sea en tinta o a lápiz, vemos lo que nuestras mentes piensan y lo que nuestros corazones sienten.
Ann Broyles recomienda que nos hagamos las siguientes preguntas al escribir nuestro diario: "¿Quién soy? ¿Qué estoy haciendo y por qué? ¿Cómo me siento sobre mi vida y sobre mi mundo? ¿De qué manera estoy cambiando o creciendo?"
Muchas personas han descubierto que escribir un diario es una disciplina espiritual muy útil. Las escrituras sagradas de distintas tradiciones religiosas pueden servir como un poderoso punto de inicio. Otras personas escriben en respuesta a sus caminatas de meditación personal o después de haber disfrutado de un periodo de silencio. Podemos escribir en un papel los eventos del día para luego ponernos a pensar en ellos con mayor detenimiento. Muchos inclusive escriben un diario de gratitud, una disciplina que fortalece y cambia la vida profundamente. Esto puede ser tan fácil como anotar unas cuántas cosas por las que estamos agradecidos al final de día. Pueden ser tan sencillas como respirar, ver, escuchar, probar, tocar, o como una gentil brisa y un momento de descanso.
Imagínense qué tan empobrecidos estaríamos si nuestros escritores espirituales no hubiesen escrito sobre sus dificultades, oraciones, reflexiones internas y vidas externas. Del mismo modo, nosotros nos empobrecemos al no escribir nuestro diario. Después de todo, "cada vida tiene una historia" (revista Biografía). El contar nuestra historia nos ayuda a darnos cuenta de quiénes somos y de quién somos.
Oración: Dios, ¿quién soy? ¿Qué estoy haciendo y por qué? ¿De qué manera estoy cambiando o creciendo? Amén.
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