Un Día a la Vez, una reflexión diaria
por surprisedbyjoy@yahoo.com
Enero 7
"Sean constantes en la oración, quédense velando para dar gracias." Colosenses 4: 2
Algunas personas han dicho que, "no existen las oraciones pequeñas." ¡Oh Dios, enséñame a orar! A veces me pregunto si Dios nos escucha y si nuestras oraciones hacen alguna diferencia. Y me pregunto cómo debo rezar, pues a veces me siento muy inadecuado.
Tengo un sinnúmero de libros que hablan de la oración. Y el Internet está lleno de millones de sitios de distintas tradiciones espirituales que me dicen cómo debo orar. Hace unos cuantos minutos, dos "evangelistas" ambulantes tocaron a mi puerta y trataron de convertirme a su modo de orar y de interpretar la Biblia. ¡Parece que cada persona tiene su propia técnica, su método, su verdad de cómo debemos orar!
Hoy me siento espiritualmente exhausta. Estoy cansada de "decir mis oraciones." Demasiadas palabras me hacen sentir como si le estuviera pidiendo a Dios toda una lista de artículos. ¿Por qué no podemos simplemente "estar" en la presencia divina sin tener que decir una sola palabra?
Nuestros antepasados comprendieron que "Dios está más cerca que nuestra propia respiración y que nuestras propias manos y pies." Tal vez podemos encontrar muchas respuestas con una simple oración de respiración proveniente de nuestro corazón. A veces lo único que nos queda por hacer es respirar. Cualquier otra cosa parece muy difícil, sobre todo cuando nuestra vida es caótica, confusa y dolorosa.
Debemos respirar en todo lugar donde nos encontramos. Las oraciones de respiración pueden estar siempre con nosotros y nos ayudar a tomar conciencia de la capilla interna que llevamos en nuestros corazones. Por medio de la respiración, podemos invitar al Espíritu Santo a entrar en la profundidad de nuestros corazones y ayudarnos en nuestras oraciones. Si ponemos especial atención en nuestros cuerpos por medio de la respiración, el aliento vivo de Dios puede entrar en nuestros cuerpos con cada respiración. Las oraciones de respiración nos ayudan a escuchar los latidos de nuestro corazón con Dios.
Se cree que Meister Ekhart una vez dijo, "Aún si la única oración que decimos en nuestras vidas es "gracias", eso sería suficiente." Tal vez el secreto para consagrar nuestras oraciones con una actitud de agradecimiento lo podemos encontrar en una oración de respiración que Thich Nhat Hanh enseña a los niños pequeños. Independientemente del lugar al que vayan, él los enseña a inhalar las palabras "sí, sí, sí" en sus respiraciones y a exhalar las palabras "gracias, gracias, gracias." El cree que esta oración les ayuda a responder a la vida, a la sociedad y a la tierra de una manera positiva.
Oh Dios, sí, sí, sí. Gracias, gracias, gracias. Bendice nuestras oraciones de respiración. ¡Bendícenos con muchos momentos de gratitud! Gracias, Amén.
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