Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Enero 9

"¿Gentuza?"

No entiendo lo que quieres decir, le dije. ¿Quién es la "gentuza"? La airada respuesta vino casi de inmediato. Para éste hombre, casi todo el mundo excepto él mismo era una "gentuza." Uno de sus hijos se casó con una "gentuza." Según la opinión del señor, la esposa de su hijo era una "gentuza" por el color de su piel. La "gentuza" incluía a todas las personas de bajos ingresos que cuidaban a su anciana madre, así como a los gays, a las lesbianas y a personas de distintos orígenes étnicos. Parecía que la única persona sobre la tierra que no era una gentuza era ese señor tan amargado y enojado.

Mi corazón se sentía enfermo al escuchar sus palabras. Habían pasado varios años desde la última vez que habíamos sostenido una conversación. Fue una crisis familiar la que nos volvió a unir otra vez. El hombre pensaba que ninguna de sus nueras era lo "suficientemente buena" para sus hijos. Su desaprobación las distanciaba de su vida.

¿Tienes alguna foto de tus nietos?, le pregunté. El se sorprendió al escuchar mi pregunta y suspendió su diatriba por unos momentos. No, me respondió en voz baja. Nunca los he visto. Su madre es una "gentuza."

¿Para qué quiero pasar mi tiempo con ella y con sus hijos?, me preguntó.

El Salmista escribe, "Al ver a tu cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has fijado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él?" (Salmo 8: 3-4)

Fuimos hechos en la imagen divina y no somos gentuzas. Fuimos hechos temerosa y maravillosamente en nuestra diversidad humana. Dios es un artista, pues creó a los seres humanos con sus distintos colores de piel y con una capacidad de amar profundamente.

Dios debe estar acongojado con nuestros prejuicios.

Madeleine L'Engle comparte una anécdota sobre Jesús, el narrador de cuentos. Jesús contó la historia de una persona que tenía un tronco en su ojo pero que no dudaba por un momento en criticar a otro que tenía una pequeña pelusa en el ojo (Mateo 7: 1-5). Me parece que Jesús utilizó la palabra "hipócrita." L'Engle escribe, "La parábola es...una historia verdadera sobre nuestra renuencia a ver nuestras enormes faltas y sobre nuestro afán de dar a conocer faltas más pequeñas en otras personas."

Es muy fácil ver los prejuicios de otras personas, pero es difícil ver los nuestros. ¿Me pregunto qué es lo que otras personas ven en mi? Me pregunto, a medida que me preparo para la próxima conferencia sobre la justicia, ¿qué prejuicios escondo en mis entrañas? ¿Dónde debo tener un nuevo corazón para ver a las personas mediante los ojos de Dios?

Soren Kierkejaard ha dicho, "Las oraciones no cambian a Dios, pero sí cambian a aquél que reza."

Dios, cambia la dureza en mi propio corazón, antes de que yo pueda rezar para que otras personas cambien el suyo. Ayúdame a ver la pelusa en mis propios ojos, antes de que percibir los troncos en los ojos de otros. Permite que cualquier cambio interno que sea necesario comience conmigo. Amén.

Enero 8 Enero 10

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