Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Julio 11

Escuche y entienda

"Como la semilla que cayó en tierra buena, así es aquél que oye la Palabra y la comprende. Este ciertamente dará fruto y producirá cien, sesenta o treinta veces más." Mateo 13: 23

Durante los últimos veinte años, he vivido la mayor parte del tiempo en departamentos. He tenido poca oportunidad de trabajar con la tierra y de sembrar otra cosa además de flores y cactus, como lo hice el año pasado en el balcón. Luego me mudé a una casa con un jardín. Quedé sorprendida por la cantidad de esfuerzo que se requiere en el trabajo básico de jardinería. Durante los meses de verano, se necesita regar, cortar y desyerbar el césped todas las semanas. La tierra de nuestro jardín no es "buena" y requiere de fertilizantes y demás aditivos durante todo el año. Los inquilinos anteriores habían luchado constantemente con el césped y el jardín de flores.

El césped y el jardín me están enseñando sobre la "tierra buena" a la cuál hace referencia esta parábola. Aún con la mejor "tierra" del corazón, nuestros corazones requieren de una atención y un cuidado periódico, tal como lo requiere la tierra de nuestro césped y nuestro jardín. Necesitamos convertirnos en jardineros espirituales, ya que todos tenemos malas hierbas que debemos desyerbar. Todos necesitamos ser podados para poder promover un crecimiento nuevo, sano y abundante en Dios. Si no le hacemos caso al jardín dentro de nuestros corazones, nuestra vida con Dios sufrirá. Este crecimiento toma tiempo, trabajo, compromiso y paciencia si es que queremos cosechar buenos frutos. No existen atajos dentro del jardín.

Ciertamente, para mis vecinos, mi falta de experiencia es obvia. Tanto mi jardín como mi patio constantemente se están mejorando conforme aprendo los ritmos del crecimiento y florecimiento, del fertilizante y del cuidado. Se imparten clases gratuitas de jardinería en varias tiendas del pueblo y existen también varios libros y recursos en el Internet que ofrecen consejos prácticos. Pero lo mejor de todo es que cuando le pido ayuda a mis vecinos, ellos con mucho gusto me prestan sus herramientas y me aconsejan según su experiencia a través de los años. Un vecino en particular tiene las "manos verdes". El amor que le tiene a la tierra y al crecimiento de las cosas es bello. Siempre tiene tiempo para venir a ver mi jardín, revisar las plantas y darme un buen consejo para mejorarlas. Mi compañera de cuarto y yo le apodamos "San Harold".

La base de todo es la siguiente: si deseamos tener una cosecha espiritual fructífera y abundante dentro de nuestras vidas, necesitamos cultivar la tierra de nuestros corazones con oraciones, palabras sagradas, lecturas espirituales, con una comunidad afirmante y estar al tanto de los ritmos de nuestra vida. Son muy pocas las personas que logran hacer esto por sí solos. La mayoría de nosotros necesitamos ser guiados dentro de nuestra vida espiritual por los jardineros más experimentados y más maduros. Este es un aspecto importante dentro del discipulado Cristiano. Los discípulos guían a los más pequeños en su fe y los ayudan a crecer dentro de un servicio y una madurez cristiana y, efectivamente, los ayudan a crecer en responsabilidad.

En mi casa tenemos un mosaico que dice: "Siembra un árbol y crecerá magia". ¡Efectivamente crece magia! Pero la magia crece mejor con un cuidado amoroso, inteligente, pensativo y frecuente. Escuche y entienda.

Oración: Dios mío, bendice nuestra audición y entendimiento con esta parábola. Amén.

Julio 10 Julio 12

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