Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Junio 3

Muchos son curados

Jesús fue a casa de Pedro; allí encontró a la suegra de éste en cama, con fiebre. Jesús le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y comenzó a atenderle. Al atardecer le llevaron muchos endemoniados. El expulsó a los espíritus malos con una sola palabra, y sanó también a todos los enfermos. Así se cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: "Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades" Mateo 8: 14-17

Antes de convertirme en una ministro ordenada, trabajé durante dieciséis años como enfermera en el área de urgencias de varios hospitales y clínicas llenas de personas enfermas acompañadas por sus familiares. En muchas ocasiones, los menores lloraban constantemente. En otras ocasiones muchos no llegaban a tiempo al baño y estaban sentados con su ropa sucia. Otros luchaban con la esquizofrenia y otras enfermedades psicológicas. Las personas con fiebre muchas veces estaban bañadas en sudor y su piel se sentía caliente al tacto. Estaban cansadas y deshidratadas por sus brutales fiebres. Recuerdo los olores y las imágenes de los enfermos, los inválidos, los abandonados y de las personas que ya habían perdido toda esperanza. Muchos sólo podían pedir por un momento de alivio. La curación era humanamente imposible para aquellos cuya enfermedad terminal ya estaba muy avanzada.

Recuerdo todas éstas memorias mientras leo estos tres versos y me asombro ante las imágenes que veo en mi mente. Jesús entiende el hecho de sentirse enfermo. El absorbió nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades. El es tan asombroso. El entiende nuestros sufrimiento humano.

Tal vez nuestra respuesta a Dios debe ser similar a la respuesta de la suegra de Pedro. Para demostrar su gratitud, ella comenzó a servir a Jesús de la única manera que ella sabía. Ella permanecía mucho tiempo a su lado y se deleitaba con su voz, su roce y su compañía. Ella es un modelo para nosotros hoy en día.

Oración: Dios mío, ayúdanos a servir a Jesucristo con la misma gratitud que expresó la suegra de Pedro. Amén.

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