Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Noviembre 15

Básicamente simple

Entonces Jesús les dijo esta parábola: "Si alguno de ustedes pierde una oveja de las cien que tiene, ¿no deja las otras noventa y nueve en el desierto y se va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, se la carga muy feliz sobre los hombros, y al llegar a su casa reúne a los amigos y vecinos y les dice: "Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido." Yo les digo que de igual modo habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que vuelve a Dios que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse." Lucas 15: 3-7

El mensaje del evangelio de Jesús es profundamente simple. Las tres parábolas en este capítulo simplemente cuentan el evangelio una y otra y otra vez. Nos ofrecen tres imágenes de Dios en el negocio de busca y encuentra, busca y salva. Dios es quien Busca. Nosotros nos encontramos en algún lugar dentro de estas maravillosas parábolas.

Yo soy una mujer urbana y no me identifico con las ovejas. Pero sí entiendo la vulnerabilidad y el terror de estar perdida. Mientras vivía en Washington DC, una vez vi un ejemplo de este miedo a través de los ojos de un niño pequeño. Una noche, mientras nos encontrábamos en un evento de Navidad, un niño de aproximadamente tres o cuatro años, fue separado de su familia. Inmediatamente se hizo obvio que el niño estaba aterrado de haberse perdido y de estar rodeado de extraños. Cuando los extraños intentaban acercarse a él para ayudarlo, retrocedía y se trataba de esconder entre la multitud. Un policía llegó y con esto el niño inmediatamente se relajó, poniendo su pequeña manita en la mano del policía. Juntos, comenzaron a caminar con las manos agarradas en busca de los padres del niño, desapareciendo entre la multitud.

Muy pronto, una madre aterrada vino en busca de su pequeño hijo. Lo llamaba por su nombre constantemente y le preguntaba a los extraños que si habían visto a su pequeño. "Sí", dijo una señora, "se fue con un policía" y le apuntó hacia la dirección que habían tomado. De pronto apareció el policía. El pequeño vio a su mamá e inmediatamente dejó de llorar. Corrió a sus brazos y la madre lo abrazó mostrando un profundo alivio. Hasta el día de hoy me salen légrimas en los ojos solo de pensar en el abrazo que se dieron esos dos. El niño perdido fue encontrado. Hubo un gran júbilo entre la multitud ya que muchos de ellos se habían preocupado por el niño.

Y así es en el cielo, cuando aquél quien nos está buscando nos encuentra a cada uno de nosotros con un amor divino. Hay una alegría exuberante en el cielo cuando uno es encontrado. Uno es la palabra más importante dentro del vocabulario de Dios. Dios se preocupa por nosotros. Las personas perdidas le preocupan a Dios. El latido del corazón de Dios late con compasión.

Algunas personas temen que Dios es un Dios que se venga, que se enoja y que hace juicios. Me dan pena. Dios es tierno y no estará satisfecho hasta que nos encuentre y nos regrese a una amorosa e íntima comunidad y hasta que entablemos una relación personal con Él. Esta es la parte más básica dentro del evangelio de Jesucristo.

Tengo un bosquejo muy preciado de Jesús en mi estudio. Él está sosteniendo amorosamente una oveja en sus brazos. La oveja tiene una mirada de confianza y de alegría. Las marcas de los clavos que tiene el Buen Pastor en sus manos se pueden ver perfectamente bien. Estamos invitados a acudir a esos amorosos brazos.

Uno de mis lugares favoritos para rezar es en la capilla del Buen Pastor en la Catedral Nacional de Washington. Se encuentra una estatua de piedra de Cristo agarrando a una oveja. Muchos peregrinos ponen sus manos sobre las manos de Cristo mientras descansan y rezar en su presencia. A través de esta parábola, estamos invitados a poner nuestras manos en las manos del Pastor.

Oración: Dios amoroso y cuidadoso, gracias por cargarnos sobre tus fuertes hombros. Gracias por tus cariños y tus amorosos abrazos. Amén.

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