Un Día a la Vez, una reflexión diaria
por surprisedbyjoy@yahoo.com
Noviembre 16
Mi abuela y sus dientes perdidos
"Y si una mujer pierde una moneda de las diez que tiene, ¿no enciende una lámpara, barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y apenas la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: "Alégrense conmigo, porque hallé la moneda que se me había perdido." De igual manera, yo se lo digo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte." Lucas 15: 8-10
Gertrude Stein decía: "un riñón es un riñón es riñón." Pues el evangelio es el evangelio es el evangelio. Encontrar a Dios es mucho más fácil de lo que pensamos. Esta maravillosa historia es para todos. ¿Quién no ha buscado como loco un objeto perdido? Encontrar lo que estaba perdido nos produce un gran placer. Esta parábola me recuerda de mi querida abuela quien me enseñó a vivir un día a la vez y a seguir "viendo hacia arriba."
Ella con una gran valentía trataba de cuidarse a sí misma y a su marido enfermo de setenta y dos años, quien tenía que estar en cama, mientras al mismo tiempo cuidaba a mi madre (su hija) quien luchaba con un cáncer terminal. Cuando las cosas se ponían mal, se ponían mal. Pero también tuvimos momentos de alegría y momentos espontáneos de risa durante los varios años en los que luchábamos en contra de lo inevitable.
Un día, mi abuela no podía encontrar su dentadura postiza y me pidió que la ayudara. Buscamos en toda la casa, debajo de las camas, dentro del refrigerador y en todos los lugares que uno se pueda imaginar. Inclusive revisamos la basura. De repente mi abuela comenzó a reírse. Se rió hasta que le salieron lágrimas. Había encontrado su dentadura. Habían estado dentro de su boca durante todo el tiempo. Fue imposible no reír. Ella contaba la historia a quien la escuchara. Ella fue bendecida con un increíble sentido del humor y sabía como reírse de sí misma. La risa es la mejor medicina y nos ofrece un maravilloso preámbulo antes de que nos sentemos a orar.
En la parábola del día de hoy, una mujer buscaba desesperadamente su moneda perdida. Prendió una lámpara y utilizaron la luz para buscar la moneda. Como la dentadura de mi abuela, la moneda estaba justo donde la había dejado. Y ella también le llamó a sus amigas para compartir la alegría de su hallazgo. De esa misma manera nos dice Jesús que hay alegría en la presencia de los ángeles de Dios cuando un pecador de arrepiente.
Arrepentirnos de nuestros pecados es parte del evangelio. Tarde que temprano todos nosotros perdemos la marca. Nadie es perfecto. A lo mejor no hemos amado a Dios, a nuestros vecinos o a nosotros mismos. A lo mejor y hemos hecho trampa o nos hemos negado a un acto de bondad humana. ¿Quién no ha tenido pensamientos malos o crueles? El pensamiento es parte de nuestra naturaleza humana. Con la ayuda de Dios debemos darle la espalda y debemos tratar de no repetir los patrones negativos de comportamiento o los pensamientos negativos.
Así que aquí tenemos otra imagen más del evangelio a través de las monedas y las dentaduras perdidas. Dios nunca nos ha abandonado, aunque podría ser que hemos perdido u olvidado a Dios. Dios siempre ha estado con nosotros mientras hemos estado buscando frenéticamente el significado de nuestras vidas.
Dios está ansioso de que lo encontremos. La luz de Dios es para todos nosotros. A Dios le alegra que estemos en su luz divina. Los ángeles de Dios celebran cuando vivimos en la luz de Cristo. En su luz, encontraremos lo que habíamos estado buscando. Dios se encuentra mucho más cerca que nuestra propia respiración y que nuestras manos y pies. Considere sentarse junto a una vela para rezar el día de hoy. Simplemente siéntese junto a una luz tenue. Visualícese inhalando en la luz, mientras exhalamos lo que nos obscurece. Descanse en la luz y disfrute su belleza.
Cuando navegue en algunos de los océanos mas grandes del mundo, me asombré de lo solitario que puede llegar a ser una sola luz del horizonte en medio de una gran obscuridad. Cristo es la Luz del mundo. Debemos reflejar esa luz a los demás. Nunca subestime el poder de una sola flama para que alguien encuentre su camino a casa.
Oración: Dios mío, bendícenos con alegría mientras descansamos en tu luz. Amén.
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