Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Noviembre 7

Las personas necesitan escuchar

"Ahora bien, esta condenación ya no existe para los que viven en Cristo Jesús." Romanos 8:1

Hace algunos años recibí una llamada telefónica en la víspera del Año Nuevo. Un joven de nombre David se estaba muriendo. Su amante estaba con él en el hospital. Su historia familiar es demasiado conocida y trágica. Años atrás, cuando su padre se enteró de que David era un adolescente homosexual, lo corrió de su casa. El padre de David era un ministro Protestante. Mientras David luchaba por sobrevivir en la calle, quedó infectado con el virus del VIH. Eventualmente, una amable tía que vivía en una ciudad distante, lo acogió y lo cuidó como si fuera su propio hijo. Ahora, David se estaba muriendo. ¿Podría yo ir a orar con él antes de que sucediera lo inevitable?

A pesar de que el padre de David había negado ver a su hijo durante muchos años, había volado para estar junto a su hijo en su lecho de muerte y, furioso, me estaba esperando en el hospital. De una manera muy grosera me empezó a interrogar acerca de mis títulos ministeriales. Exigía saber que era lo que yo había planeado para su hijo en su lecho de muerte. Fue una situación muy difícil. Después de un tiempo, el padre de David finalmente autorizó que yo entrara al cuarto de su hijo. Ahí su hijo estaba rodeado de grandes amigos y se su pareja desde hace muchos años llamado Jonathan. Oramos y, uno por uno, los amigos comenzaron a despedirse. Bendecimos a David y le dimos las gracias por haber sido un gran amigo. Le aseguramos sobre la misericordia y el amor de Dios. También le aseguramos que Dios lo estaba esperando en el cielo con mucho amor.

Luego, el padre de David nos pidió que nos saliéramos del cuarto. Él entró al cuarto con un Biblia pidiéndole a David que se arrepintiera de su homosexualidad a través de la lectura de un pasaje del libro de Levítico. Cuando David falleció, su padre insistió en ofrecer el servicio funerario. Él públicamente condenó el alma de su hijo al infierno y predicó fuego y condena a los amigos homosexuales de su hijo. Después de esto, el padre de David se retiró para continuar ofreciendo sus servicios en su parroquia.

Durante los horrendos minutos que siguieron, los invitados se negaron a abandonar a su gran amigo con estas terribles palabras de rechazo. Lentamente, un diácono que se encontraba presente abrió su copia del Libro Episcopal de Oraciones. Empezó a leer unas bellas palabras sobre la fe, la esperanza y el amor, las cuales eran más apropiadas para un servicio funerario. Ella bendijo la memoria y el alma de David a Dios quien lo creó homosexual. Juntos, oraron en el nombre de Jesús.

David vivió y murió como un Cristiano. Y la Biblia nos dice que no existe ninguna condena para quienes están en Jesucristo. La gente necesita escuchar que Dios le da la bienvenida a todos. Dios no discrimina a nadie ni tampoco tiene ninguna preferencia sexual.

Oración: Dios mío, gracias por la relación que tenemos contigo mediante Jesucristo. Amén.

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