Un Día a la Vez, una reflexión diaria
por surprisedbyjoy@yahoo.com
Noviembre 8
La mente de Cristo
"Tengan unos con otros las mismas disposiciones que estuvieron en Cristo Jesús: Él, siendo de condición divina, no se apegó a su igualdad con Dios, sino que se redujo a nada, tomando la condición de servidor y se hizo semejante a los hombres. Y encontrándose en la condición humana, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte en una cruz. Por eso Dios lo engrandeció y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al Nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y entre los muertos, y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre." Filipenses 2: 5-11
Todavía sonrío ante algunas memorias de mi ministerio. Hace algunos años, mientras fungía como capellán de la Marina en un barco, mi misión era impartir clases de Biblia. En algunas ocasiones mis clases se llenaban con marineros y era ahí cuando ellos leían la Biblia por primera vez. Había momentos en los cuales los marineros no podían leer muy bien y en varias ocasiones se referían a este libro como "los Filipinos" en lugar de los "Filipenses." Inclusive en el temario venía con el nombre de "los Filipinos." ¡Me imagino que estos marineros soñaban sobre los tiempos pasados y futuros de libertad dentro de ese país! A los Filipinos se les conocía por su gusto en el sexo barato y en las bebidas alcohólicas. Los pobres y desesperados vendían sexo para poder sobrevivir y muchos de los marineros gustosamente aportaban al éxito de esta industria. Cuando ese país cerró permanentemente sus bases militares extranjeras, muchos de los marineros Americanos lamentaron el no poder seguir asistiendo a sus actividades adultas.
La carta del siglo primera fue escrita para la iglesia Cristiana en Filipos. Filipos era una colonia Romana antigua conocida con el nombre de Macedonia. Esta también era un puesto militar, aunque Filipos no se encuentra nada cerca de Filipinas. Realmente no importa si vivimos en Filipos, en las Filipinas o en Filadelfia. Esta carta del siglo primero es importante para nuestra salud espiritual. Al leer la carta en su totalidad, podemos echar un vistazo a la mente de Cristo. Nuestro llamado es imitarla dentro de nuestras propias vidas. Pero, ¿cómo lo podemos lograr? Lo podemos lograr leyendo, meditando y orando con estos grandes pasajes de las Escrituras.
Los seis versos del día de hoy nos ofrecen una visión eterna sobre la mente de Cristo. Él era humilde y obediente con Dios. Por nuestro propio bien, él estaba dispuesto a vivir una penosa, agonizante y terrible muerte en la cruz. Se vació de su poder y gloria celestial para poder vivir en nuestro planeta mediante una forma humana. Él pasaba hambre, padecía de sed, luchaba con sus deseos sexuales, sentía el cansancio, el desaliento y la soledad con el fin de poder identificarse con nuestra condición de humanos. Él realmente nos entiende. Cristo dio su vida conscientemente por nosotros. Él ha resucitado de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre (Efesios 1:3).
Ahora, su nombre se encuentra por encima de todos los nombres. Esto incluye a todos los demás dioses. Sólo Jesús es el Cristo exaltado. Y cada rodilla se doblará ante su creación y cada boca confesará que Jesucristo es el Señor, para Gloria del Padre. Debemos alabarlo con cada una de las fibras de nuestro ser.
A través de los años he perdido el contacto con estos marineros. En ocasiones me he preguntado cómo se encuentran y en donde se encuentran. Me pregunto si han regresado a estas maravillosas palabras de fe, de esperanza y de amor escritas en el libro de los "Filipenses." Si usted no lo ha hecho, por favor hágalo. Sólo existen cuatro capítulos dentro de este maravilloso libro. Dentro de estas antiguas palabras, se nos ofrece la mente de Cristo. Existen grandes bendiciones para quienes lo leen.
Oración: Dios mío, bendícenos con la mente de Cristo mientras te alabamos el día de hoy. Amén.
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