Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Noviembre 9

Escuche completamente y sagradamente

"Y gritaban, respondiéndose el uno al otro "Santo, Santo, Santo es Yavé de los Ejércitos, su Gloria llena la tierra toda." Los postes de piedra de la entrada temblaban a la voz del que gritaba y la Casa se llenaba de humo. Yo exclamé: "¡Ay de mí, estoy perdido, porque soy un hombre de labios impuros y mis ojos han visto al rey Yavé de los Ejércitos!" Entonces voló hacia mí uno de los serafines. Tenía un carbón encendido que había tomado del altar con unas tenazas, tocó con él mi boca y dijo: "Mira, esto ha tocado tus labios, tu falta ha sido perdonada y tu pecado, borrado." Y oí la voz del Señor que decía: "¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?" Y respondí: "Aquí me tienes, mándame a mí." Él me dijo: "Ve y dile a este pueblo: Por más que ustedes escuchen, no entenderán; por más que ustedes miren, nunca ven." Isaías 6: 3-8

En Septiembre de 1992, mientras servía como capellán de la Marina en un barco ubicado en el Golfo Pérsico, un dicho me estremeció profundamente: "La PALABRA Nuestra Autoridad. La SANTIDAD Nuestro Llamado. El MINISTERIO Nuestro Motivo. El MUNDO nuestra Parroquia." Copié estas palabras en la contra portada de mi Biblia y luego, después de pensarlo, anoté la fecha. Ocho años después, me trae muchos recuerdos y es la fuente de aliento para las realidades y los retos de hoy en día. Aunque muchas personas se niegan a escribir en su Biblia con pluma, yo siempre he hecho anotaciones en el margen, he subrayado versos y he resaltado palabras clave. Estas anotaciones han sido la fuente de bendiciones durante muchos años. Inclusive he llegado a utilizar plumones cuando no he tenido pluma o lápiz.

La Biblia es un libro maravilloso que nos ofrece muchas visiones espirituales. El antiguo profeta Isaías nos enseña a cómo escuchar sagradamente y enteramente a las palabras de Dios y también a cómo responder ante estas palabras. En muchas ocasiones, dentro de nuestro siglo 21, nos olvidamos de que Dios es sagrado, puro, majestuoso y todo poderoso. Las criaturas celestiales infinitamente variadas entre sí, alaban a Dios con asombro y alegría todo el tiempo. Realmente fuimos creados para alabar a Dios y nuestras almas no se sentirán satisfechas sin haber presenciado estos momentos de asombro. Isaías fue bendecido con visiones sagradas que cambiaron el curso de su vida para siempre. Su respuesta debe ser nuestra respuesta. Luego, Isaías fue bendecido con un maravilloso y difícil llamado que finalmente le costó la vida. Las antiguas tradiciones creen que fue partido en dos por personas apáticas y duras de corazón.

Isaías se abrió con todos sus sentidos ante el Sagrado y se dio cuenta de que no estaba limpio ante Dios. Aún como profeta, él tenía la misma condición de pecador que tenemos todos los demás. El pecado nos marca y nos hace sucios ante Dios. Aún cuando en el inicio la creación fue perfecta, algo sucedió desde el comienzo. Vivimos con los "valores familiares tradicionales" de la primera familia de "Adán y Eva." La Creación ha rugido de dolor con las consecuencias del pecado a través de las guerras, la pobreza, la injusticia, la contaminación y el mal. Las familias se enfrentan entre sí y rechazan y/o abusan a sus hijos. Necesitamos arrepentirnos de nuestros pecados y los pecados del mundo.

La confesión es buena para nuestra alma y nos prepara para que estemos más abiertos y atentos al llamado de Dios dentro de nuestras vidas. Necesitamos de momentos de reflexión en los cuales nos confesamos ante nuestro Dios sagrado y admitimos que hemos fallado nuestra marca mediante hechos, pensamientos e inclusive sentimientos de omisión y comisión. No hemos amado a Dios, a nuestros vecinos y a nosotros mismos de acuerdo a los Grandes Mandamientos escritos dentro del Buen Libro.

Pero aquí se encuentra la esperanza que llevamos con nosotros mismos. Dios escucha nuestras confesiones al rezar con corazones humildes y arrepentidos. Dios nos perdona y literalmente olvida nuestros pecados. Nuestros pecados son borrados. Mediante la confesión, podemos presenciar grandes momentos de renovación y consagración dentro de nuestras vidas.

"Dios ha sido santo y nosotros también hemos de ser santos en nuestra conducta" (1 Pedro 1:15; Levítico 11:44) Esto no significa que debemos caminar con caras largas y con una actitud piadosa, citando palabras sagradas convirtiéndonos en personas aburridas y/o fanáticos/ entusiastas religiosos. Pero sí significa que debemos vivir un día a la vez con gracia, humor, gentileza, bondad, amor y paciencia y, sobretodo, con la ayuda de Dios.

Una calcomanía muy popular dice: Por favor tenme paciencia. ¡Dios todavía no termina conmigo!

La santidad es un proceso que dura toda la vida mientras crecemos con gracia y con veracidad. Así que sea paciente. Persevere. Dios está trabajando dentro de su vida. ¡Escuche completamente y sagradamente!

Oración: Dios Santo del cielo y la tierra, te alabamos y te veneramos. Confesamos nuestros pecados ante Ti. Mándanos al mundo y ayúdanos a reflejar Tu sagrada luz. Amén.

Noviembre 8 Noviembre 10

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