Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Octubre 1

Cristo sufrió en silencio

Los jefes de los sacerdotes y el Consejo Supremo andaban buscando alguna declaración falsa en contra de Jesús, para poderlo condenar a muerte. Pero pasaban los falsos testigos y no se encontraba nada. Al fin llegaron dos que declararon: "Este hombre dijo: Yo soy capaz de destruir el Templo de Dios y de reconstruirlo en tres días." Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y preguntó a Jesús: "¿No tienes nada que responder? ¿Qué es esto que declaran en contra tuya?" Pero Jesús se quedó callado. Entonces el sumo sacerdote le dijo: "En el nombre del Dios vivo te ordeno que nos contestes: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios?" Jesús les respondió: "Así es, tal como tú lo has dicho. Y yo les digo más: a partir de ahora ustedes contemplarán al Hijo del Hombre sentado a la derecha de Dios Todopoderoso y lo verán venir sobre las nubes del cielo." Entonces el sumo sacerdote se rasgó las ropas diciendo: "¡Ha blasfemado! ¿Para qué necesitamos más testigos? Ustedes mismos acaban de oír estas palabras blasfemas. ¿Qué dicen ustedes?" Ellos contestaron: "¡Merece la muerte!" Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle bofetadas, mientras otros lo golpeaban diciéndole: "Mesías ¡adivina quién te pegó! Mateo 26: 62-68

Jesús prefirió permanecer callado mientras los demás se acercaban a decir mentiras sobre él. Finalmente, dos hombres se acercaron e intencionalmente distorsionaron la palabra de Jesús. Su testimonio ofrecía lo que el sumo sacerdote deseaba tan ardientemente. Según sus tradiciones y leyes religiosas, los cargos de blasfema inmediatamente implicaban la muerte de Jesús. Se me hace literalmente difícil de comprender que estos líderes religiosos tenían tantas intenciones de destruir a Jesús. Sin embargo, la historia mundial revela la horrorosa brutalidad y el terrible sufrimiento que se ha infligido sobre millones de personas a través de guerras religiosas bien intencionadas, inquisiciones y cruzadas religiosas.

Jesús permaneció callado durante esta travestía de la justicia. El caos surgió cuando el sumo sacerdote y el Consejo Supremo emitieron, con unanimidad, el veredicto. Comenzaron a atacar físicamente al Silencioso. Le escupieron en la cara, le pegaron y lo golpearon con sus puños. Este terrible evento apenas estaba iniciando.

Años después, Pedro recordaría las proféticas palabras que se dijeron siglos antes (Isaías 53) mientras escribía estas consoladoras palabras a todos los seguidores de Jesús que se encontraban sufriendo a causa de la injusticia cometida hacia Jesús: "Para esto han sido llamados, pues Cristo también sufrió por ustedes, dejándoles un ejemplo y deben seguir sus huellas. El no cometió pecado ni en su boca se encontró engaño. Insultado, no devolvía los insultos, y maltratado, no amenazaba, sino que se encomendaba a Dios que juzga justamente. El cargó con nuestros pecados en el madero de la cruz, para que, muertos a nuestros pecados, empezáramos una vida santa. Y por suplicio han sido sanados. Pues eran ovejas descarriadas, pero han vuelto al pastor y guardián de sus almas." 1 Pedro 2: 21-25.

Nuestras almas necesitan a esta Oveja. Su valentía y su dignidad que surgieron ante la cara de odio y de violencia puede ser nuestra cara. Sigamos sus pasos y, de igual manera, encomendemos nuestras almas a Dios quien juzga justamente.

Oración: Dios mío, bendícenos con el reforzamiento espiritual que solo puede obtenerse mediante Cristo. Amén.

Setiembre 30 Octubre 2

Octubre 2000       Página Principal de Devociones Diarias