Un Día a la Vez, una reflexión diaria
por surprisedbyjoy@yahoo.com
Octubre 14
Lo juro por Dios
Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se cubrió de tinieblas. A eso de las tres Jesús gritó con fuerza: "Elí, Elí, lamá sabactani," que quiere decir: "Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?" Mateo 27: 45-46
Una por una se fueron pasando las horas llenas de agonía. Una extraña y tenebrosa obscuridad cubrió al país. Mientras Cristo sentía el tremendo dolor ocasionado por la maldición del pecado, la obscuridad cubría el país entero. Y cuando la tierra se encontraba en la hora más obscura, Jesús gritó desesperadamente. "Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?" Salmos 22:1.
¿Quién de nosotros no ha vivido la obscuridad de la desesperación, la soledad, la traición, el tormento, el ridículo, el rechazo, el abuso verbal y/o físico y el sufrimiento? Sin embargo la desesperación más obscura es la sensación de estar desamparados o separados de Dios. Jesús, inclusive el mismo Jesús, gritó en desesperación. "¿Donde estás Dios mío? ¿Porqué me has desamparado y abandonado cuando más te necesito?
En ocasiones he escuchado a muchas personas gritar con el mismo sentimiento en sus momentos de más necesidad. A veces las personas de fe desalientan este tipo de honestidad espiritual. "No es bueno cuestionar a Dios," nos dicen estas personas, con buena intención. "Necesitas tener más fe," nos recuerdan. Pero aún Jesús se sintió desamparado en los momentos más obscuros antes de su muerte. Nosotros también, podemos gritar y sentirnos seguros con nuestras preguntas y nuestras dudas.
Mi madre eventualmente perdió la batalla en contra del cáncer después de años de quimioterapia y radiación. Aún cuando se encontraba bajo el efecto de la morfina, luchaba para poder respirar sin dolor. Muchas veces la abrazaba y la mecía mientras ella gritaba de dolor. "Porqué me hace esto Dios?" preguntó varias veces. Nunca supe que contestarle. Yo solo se que Dios lloraba junto con nosotras y nos proporcionaba la fuerza suficiente para sobrevivir ese momento que en ocasiones se convertía en un solo respiro a la vez. Yo tuve el privilegio de estar con ella cuando se encontraba en su lecho de muerte y siempre recordaré sus últimas palabras: "Dios me esta llamando" luchó por decir, "y no tengo miedo." Durante toda su enfermedad, había sido honesta con Dios con su diagnosis. Dios honró su honesta espiritualidad y la proveo con la valentía y la fe que necesitaba a la hora de su muerte.
Jesús fue honesto con Dios cuando se encontraba en la cruz. Sus palabras no dan la valentía para compartir nuestras dudas, preguntas y miedos sobre Dios. Dios nos puede ayudar en nuestras horas de obscuridad en las cuales nos sentimos abandonados, desamparados y olvidados. Sea honesto con Dios. Es posible que sus circunstancias no cambien, pero si los fortalecerán espiritualmente.
Oración: Dios mío, danos la honestidad espiritual que tuvo Jesús mientras luchamos con la obscuridad dentro de nuestras vidas. Danos el fortalecimiento espiritual para poder lograr un solo respiro a la vez. Amén.
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