Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Octubre 19

El entierro de Jesús

Siendo ya tarde, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús y el gobernador ordenó que se lo entregaran. José tomó entonces el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia y lo colocó en el sepulcro nuevo que se había hecho excavar la roca. Después hizo rodar una gran piedra sobre la entrada del sepulcro y se fue. Mientras tanto, María Magdalena y la otra María estaban allí, sentadas frente al sepulcro. Mateo 27:57-61

¿Que le pasaría al cuerpo de Jesús? Un hombre rico llamado José secretamente se había hecho discípulo de Jesús ya que le temía a los líderes religiosos judíos (Juan 19: 33-34, 38). En un acto de heroísmo secreto, se le acercó delante de toda la gente al gobernador quien le había condenado la muerte a Jesús mediante el abuso de su autoridad y posición. Pilato era un líder débil quien se había dejado llevar por la opinión pública y por los hostiles líderes religiosos. José se encontraba dispuesto a ser encarcelado o a sufrir algo peor. Pidió el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se le diera el cuerpo.

En un acto de amorosa devoción conjugada con miedo y valentía, José tomó el cuerpo. Lo envolvió con una sábana limpia y lo colocó en el sepulcro nuevo. Siempre me he preguntado si José tuvo que retirar los clavos que se encontraban en las manos y los pies de su amado Jesús. Posteriormente, José hizo rodar una gran piedra sobre la entrada del sepulcro y se fue. Dos leales mujeres insistieron en quedarse sentadas frente al sepulcro. Sentadas allí, observaron todo. Su amado Jesús estaba muerto y enterrado.

Debido a mi trabajo como capellán en un barco del ejercito estadounidense, he realizado muchos entierros en alta mar. El entierro es el acto final que hacemos por nuestros seres amados. Nuestros amados merecen un entierro digno y nosotros necesitamos velarlos y llorar por ellos. Me siento asombrada por la valentía que demostró José de Arimatea y por la enorme devoción de María Magdalena y la otra María. Estas debieron haber sido sus horas más obscuras.

Los tres nos ofrecen lecciones sobre el hecho de lograr ser discípulos aún cuando nos encontremos dentro de situaciones peligrosas. Hemos sido llamados para identificar públicamente a Cristo crucificado aún cuando nuestros corazones se estén rompiendo y nuestro mundo se encuentre lleno de caos y de penas. Nunca ha sido seguro o fácil seguir a Cristo. Sin embargo, debemos seguirlo fielmente en la vida y en la muerte. Es posible que esto resulte peligroso para nosotros. El hecho de seguir a Jesús puede resultar en que vayamos en contra de la opinión pública y en contra del liderazgo popular. Estos tres discípulos claramente entendieron el precio de seguir a Jesús. Ricos y pobres, su único motivo era el amor a Cristo. Ellos amaban profundamente a su amigo crucificado y se rehusaron a abandonarlo aún cuando ya estaba muerto. El amor les dio valentía y el amor cruzó cualquier barrera económica.

Oración: Dios mío, bendícenos con este espíritu de amor a Cristo. Amén.

Octubre 18 Octubre 20

Octubre 2000       Página Principal de Devociones Diarias