Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Octubre 2

Es seguro llorar con Dios

Mientras Pedro estaba sentado fuera, en el patio, se le acercó una sirvienta de la casa y le dijo: "Tu también estabas con Jesús de Galilea." Pero él lo negó delante de todos diciendo: "No sé de que estas hablando." Y como Pedro se dirigiera hacia la salida, lo vio otra sirvienta, quien dijo a los presentes: "Este hombre andaba con Jesús de Nazaret." Pedro lo negó por segunda vez, jurando: "Yo no conozco a ese hombre." Un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: "Sin duda que eres uno de los Galileos; se nota por tu modo de hablar." Entonces Pedro empezó a proferir maldiciones y a afirmar con juramento que no conocía a aquel hombre. Y en aquél mismo momento cantó un gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: "Antes de que cante el gallo me negarás tres veces." Y saliendo fuera, lloró amargamente. Mateo 26: 69-75

El miedo rápidamente se antepuso a la valentía de Pedro. Cuando surgió la ola de violencia hacia Jesús, una sirvienta hizo notar ante las personas que ahí se encontraban que Pedro conocía a Jesús. Su instinto de sobre vivencia fue fuerte e inmediatamente negó haber conocido a Jesús. Casi inmediatamente otra sirvienta también lo reconoció y se lo hizo saber a los demás. "Este hombre andaba con Jesús de Nazaret." Esta vez, Pedro selló su juramento con vehemencia. Otros más se le acercaban y lo identificaban como seguidor de Jesús. Envuelto en un miedo terrible, Pedro empezó a proferir maldiciones mientras juraba una y otra vez que no conocía a Jesús.

Entonces el gallo cantó. En el evangelio de Lucas 22: 61, podemos leer lo siguiente: "El Señor se volvió y fijó la mirada en Pedro. Y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: "Antes de que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces." Y saliendo afuera, lloró amargamente."

Verdaderamente, nuestros ojos son las ventanas a nuestra alma. ¿Alguna vez ha negado a un ser amado cuando esté más le necesita? ¿Alguna vez ha mirado a los ojos de su ser amado y ha visto el dolor de su negación? ¿Alguna vez ha mirado a sus propios ojos y ha visto un gran miedo? ¿Alguna vez el miedo se ha sobrepuesto al amor? ¿Alguna vez ha derramado lagrimas amargas llenas de pena y de remordimiento ocasionadas por alguna acción o por algunas palabras? Pedro nos puede enseñar algo a través de sus lagrimas. Una extremadamente talentosa directora de un hospital tiene un magnifico refrán acerca de las lagrimas, ya que a todo mundo les recuerda que "es seguro llorar con Dios."

Oración: Dios mío, el día de hoy las lagrimas de Pedro se han convertido en nuestras lagrimas. Gracias por hacer que sea seguro llorar contigo. Amén.

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