Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Setiembre 12

La belleza externa con la fealdad interna

"¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes son como sepulcros bien pintados, que se ven maravillosos, pero que por dentro están llenos de huesos y de toda clase de podredumbre. Ustedes también aparentan como que fueran personas muy correctas, pero en su interior están llenos de falsedad y maldad." Mateo 23: 27-28

John A. Sanford nos recuerda que los Fariseos eran percibidos como los ejemplos más perfectos posibles del tipo de personas que Dios quería. Eran las personas respetables y virtuosas dentro de la sociedad. Y ahora Jesús los compara con tumbas de corrupción y tazas de suciedad. Lo odiaban por haberles arrancado su fachada.

Jesús había predicado esto anteriormente en su famoso Sermón en la Montaña. "Yo se los digo: si no hay en ustedes algo mucho más perfecto que lo de los fariseos, o de lo maestros de la Ley, ustedes no pueden entrar en el Reino de los Cielos." (Mateo 5:20)

Nuestra moralidad necesita ser más profunda. Jesús conoce nuestro maquillaje interno. Podemos tratar de aparentar alguien que no somos, pero no engañamos a Dios. Dios conoce nuestros corazones. (Lucas 16:15).

¿Cómo se encuentran nuestros corazones ante Dios el día de hoy? ¿Necesitamos seriamente una cirugía espiritual? Nuestra gran decepción es "pensar que podemos evitar el inconsciente y resolver nuestros problemas morales de la vida creando un exterior justo, o bien, por una ética de obedecer externamente las leyes. Pero esto es inútil ya que Dios puede ver dentro del corazón humano; sus ojos despiadadamente penetran en lo más profundo de nuestra alma."

Con Dios, nada se puede mantener en la obscuridad. Dios ve todo lo que se hace en secreto y entiende nuestros motivos mucho mejor que nosotros mismos.

Oración: Dios mío, examina y conócenos. Lee nuestros pensamientos. Cambia nuestro corazón. Que nuestra virtud sea más profunda que aquella de los escribos y los fariseos. Amén.

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