Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Setiembre 22

La parábola de las ovejas y los chivos

"Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria rodeado de todos sus ángeles, se sentará en el trono de gloria, que es suyo. Todas las naciones serán llevadas a su presencia y separará a unos de otros, al igual que el pastor separa las ovejas de los chivos. Colocará a las ovejas a su derecha y a los chivos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que están a su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver."... El Rey responderá: "En verdad les digo que cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí." Dirá después a los que estén a la izquierda: "¡Malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles! Porque tuve hambre y ustedes no me dieron de comer; tuve sed y ustedes no me dieron de beber. Fui forastero y ustedes no me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y no me vistieron. Estuve enfermo y no fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y no me fueron a ver."... Y éstos irán a un suplicio eterno y los buenos a la vida eterna." Mateo 25: 31-46

En el libro titulado Picturing God (Imaginándonos a Dios), Ann Belford Ulanov escribe: "El imaginarse a Dios debe ser antes de que se hable de él, ya que nuestras imágenes acompañan a nuestras palabras y continúan mucho después de que no digamos nada ante Dios. Las imágenes- el lenguaje del psiquis- son las monedas de la vida; ellas afectan nuestras emociones y nuestros pensamientos; ellas llegan a lo más profundo de nuestros cuerpos y de nuestras ideas. Llegan espontáneamente y sorprendente, después de mucho años de trabajarlas."

Esta es la parábola final que Cristo enseño antes de su traición, su arresto y su muerte por crucifixión. Es una imagen de Dios que nos afecta lo más profundo de nuestra alma y de nuestros escondidos corazones. Estas afectan nuestros pensamientos y nuestra vida diaria.

¿Dónde nos encontramos dentro de esta parábola? ¿Estamos entre las ovejas o los chivos? ¿Hemos vivido vidas llenas de compasión como discípulos de Cristo? ¿Hemos ayudado a los hambrientos, a los enfermos, a los encarcelados y a los necesitados? ¿O hemos sido indiferentes ante ellos? Verdaderamente, el evangelio reconforta a los afligidos y aflige a los necesitados el día de hoy.

Se cree que uno de los hermanos de Jesús fue el autor de una de las cartas (epístola) tituladas "Santiago" que se encuentra dentro del Nuevo Testamento. ¡Santiago claramente entendió las enseñanzas de su hermano mayor! Santiago escribe sobre la fe y las acciones: "Hermanos, si uno dice que tiene fe, pero no viene con obras, ¿de que les sirve? ¿Acaso lo salvará esa fe? Si un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse ni qué comer y ustedes les dicen "que les vaya bien, caliéntense y aliméntense" sin darles lo necesario para el cuerpo, "¿de que les sirve eso?" Lo mismo ocurre con la fe: si no produce obras, muere solita."(Santiago 2: 14-17).

El amado discípulo Juan también entendió y posteriormente escribió estas palabras para alentar a las iglesias: "Jesucristo entregó su vida por nosotros; y en esto hemos conocido el amor; ahora también nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Si uno goza de riquezas en este mundo y cierra su corazón cuando ve a su hermano en apuros, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? Hijitos, no amemos con puras palabras y de labios para afuera; sino de verdad y con hechos" (1 Juan 3: 16-18).

La Madre Teresa ha tenido una gran influencia dentro de mi viaje espiritual. Yo admiro profundamente su vida y su fe. Cuando se le preguntó si alguna vez se sintió abrumada por la horrible pobreza entre aquellos a los que servia en la India, su respuesta fue no. Su vida era como una gota de agua dentro del océano. Si su gota no se ofreciera, se extrañaría profundamente. Cuando se enfrenta a la miseria humana que se vive en la calle, ella alienta a las personas a "no esperar a sus líderes, sino más bien ¡hacer algo!" A lo mejor y todos debemos seguir su consejo y debemos "hacer algo" cuando nos enfrentemos a la necesidad humana, como seguidores de Jesús.

El evangelio es profundamente sencillo. Aquellos que tengan oídos para oír, ¡escuchen!

Oración: Dios mío, háblanos claramente mediante la parábola del día de hoy y enséñanos como vivir. Amén.

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