Un Día a la Vez, una reflexión diaria

por surprisedbyjoy@yahoo.com

Setiembre 9

Tenga mucho cuidado

"¡Ay de ustedes, que son guías ciegos! Ustedes dicen: "Jurar por el Templo no obliga, pero jurar por el tesoro del Templo, sí." ¡Torpes y ciegos! ¿Qué vale más, el oro mismo o el Templo que hace del oro una cosa sagrada? Ustedes dicen: "Si alguno jura por el altar, no queda obligado; pero si jura por las ofrendas puestas sobre el altar, queda obligado." ¡Ciegos! ¿Qué vale más, lo que se ofrece sobre el altar o el altar, que hace santa la ofrenda? El que jura por el altar, jura por el altar y por lo que se pone sobre él. El que jura por el Templo, jura por él y por Dios que habita en el Templo. El que jura por el Cielo, jura por el trono de Dios y por Aquél que está sentado en él." Mateo 23: 16-22

Los pasajes del día de hoy nos recuerdan que debemos de tener cuidado. ¿Estamos actuando como guías espiritualmente ciegos? ¿Acaso el dinero nos ciega? ¿O acaso hemos hecho que los demás se vuelvan ciegos con nuestra propia idolatrización del dinero? ¿Hemos valorado más al dinero que a nuestros votos, nuestros juramentos o nuestras promesas hacia Dios? ¿Hemos comprometido nuestra integridad espiritual por nuestra propia avaricia? Sócrates dijo: "La complacencia es nuestra riqueza natural. Los lujos son nuestra pobreza artificial."

Creo que fue Ralph Waldo Emerson quien dijo, "Tengan mucho cuidado en donde ponen su corazón, ya que es muy probable que se les conceda." Ponga su corazón en servir y amar a Dios. Honre sus juramentos, sus votos y sus promesas a Dios.

La vida es un maratón espiritual. Yo fui influenciada profundamente por un pintoresco maratón que se llevó a cabo hace algunos años. Un invidente estaba conduciendo el maratón junto con su compañero vidente. El invidente llevaba un enorme letrero que decía "INVIDENTE." Yo me asombre ante su valentía y su fe en creer que su compañero era capaz de correr 26.2 millas junto con él. Confiaba en la vista de su compañero y en su presencia llena de fe y de protección. El invidente nunca hubiera podido correr esas millas sin la ayuda de su guía, sobretodo en una carrera llena de empujones por parte de los miles de competidores que también corrían en este maratón. El necesitaba de su compañero vidente para poder acabar la carrera.

Oración: Dios mío, danos los ojos para ver esta advertencia. Danos la perspicacia para responder ante esta misma. Ayúdanos a prestar atención a las palabras de Cristo hoy y a convertirnos en guías espiritualmente sabios. Amén

Setiembre 8 Setiembre 10

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