LUEGO Te Seguiré
Por Marco Rubio (marco@rubio.as)
“Señor, primero déjame enterrar a mi padre; luego te seguiré.”
En el camino de la vida más de una vez nos vemos y nos veremos en medio de la encrucijada de mantenernos firmes a nuestras convicciones cristianas o hacer lo que es personalmente, socialmente, culturalmente o políticamente correcto. En ese sentido seguir a Cristo puede resultarnos angustiante, ya que no es fácil (y algunas veces pareciera ser injusto) poner en un lado de la balanza valores humanos tan importantes como la familia, los responsabilidades filiales e incluso nuestra seguridad personal y al otro nuestro compromiso con Cristo.
Sin embargo muchas veces esto puede ser mal entendido. Porque no se trata de abandonar al mundo entero y entregarse a una fanática vida religiosa. Por qué, ¿Quién está más cerca de Dios, aquel que se encierra en la iglesia a orar día y noche y participa en casi todos los ministerios, pero no es capaz de interesarse en la demás personas, o quien después del trabajo diario se toma el tiempo para ser voluntario en un asilo de ancianos o un orfanato, llevándoles además de esperanza, una sonrisa sincera?
¿Quién es más Cristiano, aquel se aprende la Biblia de memoria, al derecho y al revés, para mostrar los errores de los demás y juzgarlos o quien sin haberla leído jamás “ama a su prójimo como así mismo”?
¿Quién sigue más Cristo, aquel que da de comer al hambriento, da de beber al sediento, viste al desnudo, asiste al enfermo y visita al preso, pero deja a su suerte a su madre o a su padre, a sus hijos, a su pareja, a su hermano o hermana, cuando ellos son los hambrientos, los sedientos, los desnudos, los enfermos o sin libertad, porque así lo dicta la iglesia?
Recuerdo cierta vez que mi madre estuvo muy enferma. Ella es diabética y su nivel de azúcar subió tanto que tuvo que pasar varias semanas en cama, con complicaciones de circulación sanguínea que la amenazaban con gangrenarle un dedo del píe y la posibilidad de tener que amputárselo. Entonces tuve que enfrentarme a un dilema el día de la reunión en el templo ¿Debo quedarme en casa o ir al templo? ¿Debo cumplir con mi familia o cumplir con Dios? ¿Dónde puedo ser más cristiano, sentado al lado de la cama de mi madre o de rodillas frente al altar? La encrucijada fue terrible. Así que fui a la Biblia en busca de ayuda y leí y releí Mateo 8:18-23: “Déjame hacerme cargo de mi padre hasta que el muera.” Entonces, tome mi mochila y me dirigí al templo.
Al principio, la gente cercana a mi criticó mucho mi forma de actuar, hasta tacharme de mal hijo e insensible. Aunque mi madre estaba muy enferma yo no podía hacer nada más allá de las atenciones físicas, emocionales y espirituales que podía brindarle para que ella se recuperara, ya que solamente lo podían hacer los medicamentos y el tiempo. Pero ella no era la única con esas necesidades. Así que sabiendo esto, fui a buscar a quienes si podía ayudar con mi presencia, con mis palabras y con mis acciones. En la Biblia se hace referencia a y se denuncia varias veces la infidelidad espiritual. Hay muchas definiciones para infidelidad, pero creo que la más acertada es “no estar ahí cuando más se te necesita”.
¿En este momento quien te necesita más? Si ese lugar es con alguien de tu familia, adelante, se un buen cristiano. Si ese lugar es con alguien que no es familiar tuyo, adelante, se un buen cristiano. Y el ser buen cristiano solamente se muestra a través del amor y la compasión. Pero ten cuidado de no hacerlo movido por el “que dirán” o las expectativas de la gente. Dios no quiere que estés donde la gente dice que debes estar ni hacer justamente lo que la gente dice que debes hacer sino en el lugar donde él quiere que estés y hacer lo que él quiere que hagas.
ESCRITURAS
Mateo 8:18-23
Nueva Versión Internacional
Cuando Jesús vio a la multitud que lo rodeaba, dio orden de pasar al otro lado del lago.
Se le acercó un maestro de la ley y le dijo: --Maestro, te seguiré a donde quiera que vayas.
--Las zorras tienen madrigueras y las aves tienen nidos --le respondió Jesús--, pero el Hijo del hombre no tiene dónde recostar la cabeza.
Otro discípulo le pidió: --Señor, primero déjame ir a enterrar a mi padre.
--Sígueme --le replicó Jesús--, y deja que los muertos entierren a sus muertos.
Luego subió a la barca y sus discípulos lo siguieron.
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