No Tengan Miedo
Por Marco Rubio (marco@rubio.as)
“No tengan miedo. Jesús no está muerto, él ha resucitado.”
A un hombre le diagnosticaron una rara enfermedad en la sangre y le dijeron que le quedaban solo cinco años de vida. Le prescribieron un medicamento para tratar de controlar el avance de su enfermedad, ya que no había cura para ella. Desafortunadamente este tratamiento presentaba muchos efectos secundarios cómo mareos y vómitos. Además, le advirtieron que no podía dejar de tomarlo nunca hasta el final de sus días, pues de lo contrario la enfermedad podría avanzar más rápido y en una forma más agresiva.
El hombre aquel se deprimió enormemente. ¿De que servía la vida si de todos modos más pronto que tarde él tendría que morir? Cualquiera podría decir que le tenía miedo a la muerte, pero en realidad no era así, él sabía que ésta es un paso natural de la vida. Entonces, ¿por qué se deprimía? ¿le tenía miedo a la enfermedad? Tal vez. En realidad sabía muy poco de ella y nada más allá del dolor y el cansancio en su cuerpo.
Un día conoció a alguien con su misma enfermedad. La imagen fue devastadora. Hacia cinco años que a esa persona le habían diagnosticado diez años de vida y ahora estaba casi muriendo. ¿A caso solo podría vivir (bueno, si a eso se le podría llamar vivir) la mitad de años que le habían pronosticado?
Dice Jesús en Mateo 28:10a “No tengan miedo”, pero que miedo se experimenta al vivir con una enfermedad cómo esta (o cómo cualquier otra). No obstante, Jesús tiene razón, es importante no tener miedo, ya que muchas veces es el miedo lo que nos mata y no la enfermedad en si misma. Nos encontramos muertos en vida a causa del miedo y la desesperanza. Después de reflexionar en ello, aquel hombre se declaró firmemente a sí mismo: “No, yo no voy a morir por esta enfermedad. Yo voy a ‘vivir’ con esta enfermedad.” Y luego oró: “Señor, Dios mío, ayúdame a sacar el miedo que hay en mi mente y mi corazón y no permitas que regrese más.”
Actualmente ese hombre sigue vivo y con un aspecto física envidiable, pues pareciera que no tiene ninguna enfermedad. Desgraciadamente, la otra persona enferma murió poco tiempo después de haberla conocido.
Cada vez que platico esta historia a otras personas afectadas por las más variadas enfermedades, les recuerdo la historia de la resurrección de Jesús. Muchas de esas personas piensa que solo estoy tratando de hacerlas sentir bien y me lo agradecen. Muchas otras piensan que me estoy burlando de ellas. Pero también hay otras, tal vez menos, que entienden el secreto escondido en el mensaje de la resurrección.
Muchas veces al recibir el diagnóstico de alguna enfermedad morimos emocionalmente, mentalmente y espiritualmente. “¿por qué yo?”, “¿por qué a mi?”, “¿y ahora qué?” son algunas de las preguntas que nos rondan. El miedo se apodera de nosotros. Nos deprimimos. Empezamos a morir en vida. Hasta que definitivamente morimos físicamente. Sin embargo, Dios (con su magnanimidad) nos ha dado la oportunidad de decidir: Morir de... o Vivir con...
Jesús todo venció y todo lo vence porque deja a un lado el miedo. Él quiere que nosotros también venzamos, por eso nos invita a no tener miedo, a presenciar por nosotros mismos el milagro de la resurrección.
¿Cuál es tu enfermedad? ¿cuál es tu dolencia? ¿qué es lo que te afectando en la vida? ¿Una enfermedad física o emocional? ¿la falta de una pierna o un brazo? ¿la falta de una pareja? ¿la falta de hijos?¿la falta de dinero? ¿la falta de trabajo? ¿la soledad? No importa cual sea la respuesta, tú tienes la oportunidad de decidir. ¿Quieres morir de ó quieres vivir con? ¿Quieres morir en vida poco a poco, todos los días o quieres vivir, día tras día, el milagro de la resurrección de Cristo en ti?
ESCRITURAS
Mateo 28:1-10
Nueva Versión Internacional
Después del sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro.
Sucedió que hubo un terremoto violento, porque un ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose al sepulcro, quitó la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago, y su ropa era blanca como la nieve. Los guardias tuvieron tanto miedo de él que se pusieron a temblar y quedaron como muertos.
El ángel dijo a las mujeres:
—No tengan miedo; sé que ustedes buscan a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, tal como dijo. Vengan a ver el lugar donde lo pusieron. Luego vayan pronto a decirles a sus discípulos: "Él se ha levantado de entre los muertos y va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán." Ahora ya lo saben.
Así que las mujeres se alejaron a toda prisa del sepulcro, asustadas pero muy alegres, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. En eso Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron.
—No tengan miedo —les dijo Jesús—. Vayan a decirles a mis hermanos que se dirijan a Galilea, y allí me verán.
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