Otro Consolador
Por Marco Rubio (marco@rubio.as)
“Yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre.”
Jesús sabía que muchos de quienes los seguían lo hacían movidos únicamente por el entusiasmo del momento, causado por los milagros que él realizaba. También sabía que cuando tuviera que concluir su misión en la tierra muchos de sus seguidores simplemente desaparecerían y hasta le negarían. Para sus seguidores él era su hombre fuerte, era la columna y el pilar en el cual se sostenían. Junto a él sentían una seguridad que nunca habían experimentado antes. Por eso, cuando es capturado el miedo se apoderará de ellos. Sabiendo todo esto, los prepara para el momento de su partida y les promete que Dios les enviará a alguien más que les dará la fuerza necesaria para seguir adelante con la misión que él les deja. Ese alguien más es el Espíritu Santo.
Cuando subí por vez primera al Space Mountain en Disneyworld, fue una experiencia excitante. Algo que quería repetir una y otra vez. Pero después de subir varias veces al paseo, le fui perdiendo el interés, porque ya me conocía el viaje y no había algo más que me pudiera ofrecer.
Cuando me convertí al cristianismo también fue como subirme a una nueva atracción mecánica en un parque temático. Movido más por el entusiasmo de saber haber encontrado a Cristo Vivo que por fe, lo acepté en mi vida sin entender lo que ello significa. Así que cuando sentí que la iglesia ya no tenía nada que ofrecerme decidí irme.
Sin embargo ser cristiano no se trata tanto de recibir como de dar. Así que ir a la iglesia no se trata de solamente ir a sentarme, oír el sermón y dejar unas cuantas monedas para la ofrenda, y con ello tener la sensación de que he cumplido con Dios. No. Ir a la iglesia o ser cristiano se trata sobre el dar. De dar y darnos para cumplir la Gran Comisión.
Mucha veces pensamos que no tenemos la capacidad, la preparación, el tiempo, la edad, los valores morales “suficiente” para seguir al pie de la letra eso de “ir a todas las naciones y hacerlos mis discípulos". Al menos ese fue mi caso. ¿Qué podía hacer un laico gay latino al respecto? Pero Dios obra de maneras misteriosas, y bajo la promesa de Jesucristo, te envía la ayuda para que encuentres las herramientas necesarias para hacerlo, con tus propias y muy particulares capacidades. Te ayuda a descubrir los dones con los que Dios te ha bendecido. Cuando entendí esto, regresé a la iglesia, no para recibir algo de ella sino para brindar mis dones a los demás.
Hace algunos años, cuando daba cursos de capacitación sobre excelencia en el servicio, frecuentemente mencionaba la importancia del “Esfuerzo Extra”. Entonces alguien me preguntó que cómo podría ejemplificar, de la manera más sencilla posible, la fuerza motivadora que hace que podamos dar un poco más de nosotros mismos, sobre todo cuando sentimos que ya no podemos dar más. Lo primero que se me vino a la mente fue preguntar “¿Cuántos de ustedes creen en el Espíritu Santo? Bien, pues esa es la fuerza motivadora para ofrecer un esfuerzo extra, tomar un segundo aire, darnos una segunda oportunidad, movernos a intentarlo de nuevo.”
La misión de ser constructores del Reino de Dios aquí en la tierra es una trabajo que puede resultarnos cansado. Quizás en este momento tú o alguien conocido, al igual que como yo, esté a punto de dejar la iglesia y abandonar a Cristo. Sí es así, pidan por la intervención del Espíritu Santo para que reciban de Él ese segundo aliento vigorizador del alma. ¿Funciona? Claro que sí. Siempre y cuando permitas que él te ayude a descubrir tus propios dones y los utilices, sin importar cuales sean estos.
ESCRITURAS
Juan 14:8-17, y 25-27
Nueva Versión Internacional
--Señor --dijo Felipe--, muéstranos al Padre y con eso nos basta.
--¡Pero, Felipe! ¿Tanto tiempo llevo ya entre ustedes, y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo puedes decirme: 'Muéstranos al Padre'? ¿Acaso no crees que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les comunico, no las hablo como cosa mía, sino que es el Padre, que está en mí, el que realiza sus obras. Créanme cuando les digo que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí; o al menos créanme por las obras mismas. Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre. Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo. Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré.
"Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre: el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará* en ustedes...Todo esto lo digo ahora que estoy con ustedes. Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho. La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden."
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