Ser Rico Delante de Dios
Reflexión sobre Lucas 12:13-21 (Escrituras se encuentran abajo)

Por Marco Rubio (marco@rubio.as)

Muchas veces se piensa que la ambición es algo malo. Personalmente no creo en ello. Al contrario creo firmemente que la ambición es algo muy bueno para nuestro crecimiento y desarrollo. Sin embargo, no debemos confundir la ambición con la avaricia.

Gaby Siller, uno de mis mejores amigos, además de una de las personas a las que más quiero en la vida, entró a un concurso de travestismo: El primer concurso de travestismo amateur organizado por una organización pro-gay llamada Oasis. En ese mismo certamen participaron también otros conocidos. Todos se esforzaron muchísimo para poder ganar. Algunos hasta el grado de solo pensar en ganar. Poco antes del certamen platique con él y le dije: “No pienses en ganar, piensa en divertirte... disfruta la experiencia de principio a fin.” Y así lo hizo y ganó.

Un año después volvió a participar en un certamen de belleza travesti organizado por una discoteca local. Nuevamente le recordé: “Disfruta la experiencia... Diviértete.” Y volvió a ganar.

Para mi este es un buen ejemplo de que como trabajan la ambición y la avaricia. La ambición es ese sentimiento y energía que nos mueve a alcanzar metas determinadas, tanto materiales como espirituales. Nos da la capacidad de ver las cosas con claridad, percibiendo los obstáculos y las oportunidades en ellos. Además nos ayuda a poner en una balanza las cosas, características, habilidades y dones con cuales y con cuales no contamos para poder llegar a dicha meta.

El problema se presenta cuando nuestra ambición se convierte en avaricia. En ese momento nuestra visión se nubla con la bruma del miedo y perdemos el camino.

Cuando entras a un certamen, a una competencia, una carrera o a un concurso lo haces con el deseo de poder llegar al primer lugar. Te entrenas, te preparas, das tu mejor actuación y, si es necesario, das un esfuerzo extra. Pero cuando te obsesionas por llegar al primer lugar, en realidad pierdes de vista el objetivo de la contienda, que es el participar. Cuando inviertes todas tus energías no en participar y disfrutarlo, sino en ganar a cualquier costo, desde ese momento ya perdiste. Y esto sucede para todas cosas en la vida.

Tener más dinero, tener más posesiones, tener más poder, tener más conocimiento es algo bueno. Pero cuando ello se convierte en el centro de nuestro universo, eso que queremos alcanzar, automáticamente lo perdemos. Porque cuando la avaricia desmedida se adueña de nuestro corazón sentimos un miedo esquizofrénico a perder lo mucho o lo poco que hemos alcanzado y no volver a recuperarlo, que toda nuestra poderosa energía creativa es absorbida por ese mismo miedo.

Ser Rico Delante de Dios no se trata renunciar al dinero y todos los bienes materiales. Hay mucha gente que renuncia a todas estas cosas y entrega toda su vida a servir a su religión, hasta el punto de olvidarse del resto del mundo.

Ser Rico Delante de Dios se trata de no permitir que algo se convierta en tu única razón de vivir, incluso la misma religión. Se trata de depender de Dios y no de cualquier otra cosa. Se trata confiar en Dios y no en cualquier otra cosa. Se trata de no ser idolatras.

Ser Rico Delante de Dios se trata de participar en la carrera de la vida, poniendo en practica todos los dones que Dios te ha brindando y disfrutarla hasta llegar a la meta, sin importar cual lugar ocupes.

ESCRITURAS
Lucas 12:13-21
Nueva Versión Internacional

Uno de entre la multitud le pidió: --Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo.

--Hombre --replicó Jesús--, ¿quién me nombró a mí juez o árbitro entre ustedes?

"¡Tengan cuidado! --advirtió a la gente--. Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes.

Entonces les contó esta parábola: --El terreno de un hombre rico le produjo una buena cosecha.

Así que se puso a pensar: '¿Qué voy a hacer? No tengo dónde almacenar mi cosecha.'

Por fin dijo: 'Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes, donde pueda almacenar todo mi grano y mis bienes.

Y diré: Alma mía, ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para muchos años. Descansa, come, bebe y goza de la vida.'

Pero Dios le dijo: '¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?'

"Así le sucede al que acumula riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios."

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