Una Invitación Cuaresmal para Todos los Peregrinos Espirituales
Por Surprisedbyjoy@yahoo.com y Gods_gnome@yahoo.com
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Domingo de la Pasión
Por God’s Gnome
Salmo 31: 9 - 16
"Ten piedad de mí, Señor, pues estoy angustiado."
A medida que celebramos el Domingo de la Pasión, el día de hoy inician las últimas dos semanas de la vida de Cristo, misma que culmina en los eventos del Domingo de Pascua. El Salmo 31, mismo que es citado por Jonás y Jeremías, refleja las crisis profundas que enfrentamos en nuestras vidas. En las palabras de David encontramos una imagen que representa con precisión el rechazo y el aislamiento que Jesús vivió en sus últimos días. Vemos a una persona que es tratada con desprecio, abandonada por sus amistades, afectada en demasía por las calumnias y víctima de una conspiración en contra de su vida. Las palabras de este salmista lo representan como una persona abrumada por la aflicción al grado que se siente arruinado.
Entonces, el tono del Salmo cambia dramáticamente y ahora escuchamos una oración de fé exclamada entre todas estas aflicciones. Con plena confianza, el salmista pone sus expectativas de salvación en manos de Dios. "En tus manos encomiendo mi espíritu", es la declaración de fé que utiliza y que comprende cada paso de su travesía, cada evento y experiencia de su vida. Independientemente de cualquier crisis que pudiese surgir, el escritor confía en que Dios utilizará esos momentos para enseñarnos una lección y para fortalecernos en su fé. En la conclusión del texto, escuchamos palabras conocidas cuando David clama las bendiciones anunciadas en Números 6: 25, "¡Yahvé haga resplandecer su rostro sobre ti y te mire con buenos ojos!" Estas no son las palabras de alguien que sonríe entre lágrimas, sino de una persona confiada a pesar de sus problemas y temores.
En medio de nuestras dificultades, cuando nos enfrentemos a las imposibilidades de la vida, cuando nos sintamos aislados y rechazados, Dios está presente. Solamente Dios puede hacer el bien de aquellas experiencias que parecen ser horrendas. Unicamente Dios en la persona de Jesús puede abrir las puertas del cielo para las personas como nosotros. La fé hace la diferencia en nuestras vidas, una fé en Dios en la que podemos confiar en todo momento. Gracias a esta fé podemos convertir el pesar en alegría y transformar el dolor en un obsequio o una bendición. ¿Tenemos la confianza suficiente? ¿Nuestra fé es suficiente para ponernos ante las manos de Dios en todo momento?
Oración: Dios mío, en medio de nuestros problemas y dificultades, fortalece nuestra fé y concédenos tus bendiciones. Amén.
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Por God’s Gnome
Las Exigencias del Amor
Isaías 55: 8
"Pues sus proyectos no son los míos, y mis caminos no son los mismos de ustedes," dice el Señor."
En la época de Jesús, las costumbres locales exigían que cuando un anfitrión se sentía honrado por la presencia de sus invitados, personalmente lavaba sus pies. Otros invitados no esperaban este servicio de manos de su anfitrión. Aún así y según el Evangelio de Juan, durante la Ultima Cena Jesús lavó y seco los pies polvorientos de sus amigos. ¿Acaso deseaba que los discípulos pensaran que El estaba honrado por su presencia?
Sus propias palabras desmienten esta teoría, ya que Jesús utilizó esta oportunidad para hablar sobre el servir a los demás. Mediante sus acciones, reveló el amor de Dios a medida que éste fluye en las rutinas ordinarias de la vida. Sus discípulos habían estado discutiendo sobre los puestos importantes que esperaban ocupar en el nuevo Dominio. Sus palabras implican egoísmo, ya que se preguntaban "¿Qué beneficios obtendré para mí?", por lo que presumiblemente eran personas banales, egocentristas y celosas. Faltaba muy poco tiempo para el arresto, el juicio y la muerte de Cristo, y en vez de disfrutar de cada momento con Jesús, sus pensamientos se enfocaban en su propio gloria, en vez de concentrarse en los eventos del momento.
Job tenía varias palabras de enojo para Dios sobre la manera en la que su mundo se había trastornado. Las Escrituras relatan la respuesta de Dios en los capítulos 38-41 del Libro de Job. La respuesta comienza con las siguientes preguntas, "¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? ¡Habla, si es que sabes tanto! ¿Sabes tú quién fijó sus dimensiones? ¡Indícalo si lo sabes!" Al final del comentario de Dios, Job le responde con una disculpa, "Tú preguntaste, '¿Quién es ese que obscurece mis designios y habla de lo que no sabe?'" Job, al igual que cualquier otra persona que desafíe el poder de Dios, enfrenta el quebrantamiento de su auto-estima. A pesar de que no respondió directamente a las preguntas de Job, la auto-revelación de Dios sanó las heridas de su corazón y restauró su paz anterior.
A diferencia de Job, ¿podemos nosotros ofrecer una respuesta a las preguntas formuladas por Dios? En vista de nuestra insignificancia y nuestra carencia de sabiduría, ¿qué palabras podríamos pronunciar para ocasionar cambios similares a los de Dios? Ni nuestros pensamientos ni nuestras maneras se basan en el conocimiento y el poder de Dios. No podemos comprender cabalmente los eventos de nuestras vidas diarias. ¿Cómo podríamos comprender las acciones y las palabras de Dios, nuestro Creador? Nuestras mentes humanas y finitas no pueden comprender la profundidad del amor de Dios. No obstante, Dios ofrece su perdón a personas como nosotros, pues el Amor ha pagado nuestras deudas.
Oración: Dios mío, enséñanos gentilmente que la magnitud de tu amor es incomprensible por nosotros. Amén.
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Por God’s Gnome
Le Imploro a Dios
Marcos 14: 34
"Siento en mi alma una tristeza de muerte. Quédense aquí y permanezcan despiertos."
Cuando nuestras vidas se vuelven confusas debido a las noticias de una crisis de vida que nos impacta, ya sea que se trate de una redundancia forzosa, del colapso de nuestra relación más íntima o de un diagnóstico terminal, estamos deseosos de tener cerca de un amigo. Es la confianza que provee dicha compañía la que nos permite sortear las tormentas de la vida. Es posible que no sintamos la necesidad de platicar las cosas con ese amigo y que no podamos comentar racionalmente nuestras experiencias actuales, pero el confort del apoyo de un amigo es invaluable.
Jesús estaba abrumado por la confusión y el temor a medida que se percataba de su muerte inminente, por lo que esa noche en el jardín estaba deseoso de estar en la compañía de sus amigos cercanos mientras oraba. Al igual que sucede cuando enfrentamos un problema grave, Jesús buscaba una salida. Ante Dios llevó la agonía de su mente, sus miedos, su temor a la muerte, pidiéndole que cambiara su suerte de ser posible. En medio de nuestros problemas, nosotros también buscamos una salida y pedimos encontrar otro camino, un camino que esté libre de separación y dolor. En nuestra agonía, golpeamos en todas las puertas de la tierra que puedan proveer una solución, al igual que lo hacemos en las puertas del cielo.
Aquellos elegidos por Jesús eran los amigos que le habían manifestado su apoyo poco tiempo antes. Tres veces regresó de sus oraciones y los encontró dormidos. Cuando buscamos el apoyo de nuestros amigos, no buscamos a aquellos que protestan su apoyo, sino que buscamos a aquellos que demuestran su amor y su preocupación y que permanecen en nuestros corazones. Aún ante el prospecto de la muerte, es aquello que Jesús le ofreció a Dios lo que inspira nuestras vidas. "Hágase Tu voluntad, no obstante" es una frase que ha perdurado a través de los siglos. No obstante. A pesar de mis temores y de mis preferencias, seré obediente a la voluntad de Dios. Jesús aceptó la copa amarga que le fue ofrecida y la bebió hasta los sedimentos, convirtiéndose en un puente entre la humanidad y Dios. A veces esta copa que bebemos a regañadientes puede convertirse en un puente entre las personas o en una luz que permite que otros encuentren su camino a casa durante las tormentas más desapacibles de la vida. Nuestro dolor no se desperdicia en el plan de Dios. Nuestras muertes pueden convertirse en el triunfo de una vida eterna transformada.
Oración: Dios mío, en aquellos periodos de nuestras vidas cuando creamos que no tenemos amigos, recuérdanos que Jesús es el Amigo que nunca nos fallará. Amén.
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Por God’s Gnome
La Cena del Señor
Marcos 14: 22-25
"Tomen, esto es mi cuerpo." "Esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que será derramada por una muchedumbre."
Cada palabra y acción de la Celebración de la Pascua estaba formulada como un ritual. La cabeza de la familia oraba sobre la copa del Kiddush y la bebía en su totalidad. En tres ocasiones, la persona que celebraba la Pascua se lavaba las manos con gran ceremonia. El pan les recordaba a aquel pan de aflicción que comieron en Egipto y lo partían para simbolizar las migajas fraccionadas de su estirpe. Los participantes relataban la historia de su salvación, cantaban la primera parte del Hallel y procedían a tomar sus alimentos. Al término de la cena, cantaban la segunda parte del Hallel, bebían la última copa de vino y oraban dos oraciones breves para dar por terminada la Festividad de la Pascua.
La Pascua conmemora la liberación de la nación judía de la esclavitud en Egipto. Una parte importante de la festividad era el cordero asado, un recordatorio de la sangre del cordero que fue rociada sobre el dintel de la puerta aquella noche cuando se apareció el Angel de la Muerte. El apacible y dócil cordero se convirtió en el símbolo de la seguridad y la protección de Dios. Esta celebración sagrada de antaño tomó un nuevo significado y una nueva vida en las manos de Jesús. El ritual se transformó y se convirtió en una nueva realidad. Cuando Jesús tomo en sus manos la porción de pan, pues había que consumir cada parte de éstos alimentos, con su bendición le dijo a sus amigos, "Miren bien, pues tal y como se parte y comparte este pan entre ustedes, ¡lo mismo sucederá con mi cuerpo!"
Cuando tomó la copa, posiblemente la tercera copa conocida con el nombre de la copa de acción de gracias, todos esperaban escuchar la bendición acostumbrada, "Bendito seas, Oh Señor, Dios nuestro, Rey del Universo, pues has creado el fruto de la vid." Pero Jesús tenía dos revelaciones nuevas para compartir, mismas que convertirían este festejo de una celebración del pasado a una proclamación del futuro. A sus amigos les dijo, "Observen el vino rojo que ha sido vertido en esta copa; así será derramada mi sangre por ustedes. Esta será una nueva alianza que no estará basada en la obediencia a la ley, sino en el amor de Dios." El pan y el vino adquirieron nuevas características y se convirtieron en un sacramento que compartimos hoy en día.
Sin embargo, ni el agua bautismal, ni el fuego, ni el pan eucarístico ni el vino reemplazarán nuestra relación íntima con Dios. Tal y como Jesús fue “franco” con sus amigos esa noche, en nuestra relación con Dios descubrimos la alegría de “ser francos”, sabiendo que cada pensamiento y palabra se entienden a la perfección. Tal vez no escuchemos a Jesús en la compartición del pan y el vino, sino en la compartición del pescado, como sucedió aquella mañana en la que Jesús exhortó a Pedro a alimentar a los hambrientos del mundo. Es posible que Jesús murmure todos los días las palabras de este sacramento en nuestros corazones y que a medida que su amor se adentre en nuestras almas, nos demos cuenta de que El nos pregunta si nosotros también nos convertiremos en el pan y el vino para alimentar a las almas hambrientas del mundo. La Cena del Seño continúa a medida que nosotros también somos ofrecidos a los demás.
Oración: Dios mío, cuando no tengamos la motivación de servir a otros, recuérdanos de tu cuerpo y tu sangre, mismos que transforman todas las vidas con amor. Amén.
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Por God’s Gnome
Traicionado
Marcos 14: 18,20, 44,45
"Y mientras estaban a la mesa comiendo, les dijo, "Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar – uno que comparte mi pan." "Es uno de los Doce, uno que moja su pan en el plato conmigo." El traidor les había dado esta señal: "Al que yo dé un beso, ése es; deténganlo y llévenlo bien custodiado." Apenas llegó Judas, se acercó a Jesús y le dijo, "¡Maestro!" y lo besó."
Una de las experiencias más dolorosas de la vida es la traición de un amigo o miembro de la familia – alguien con quien hayamos compartido nuestra intimidad diaria. Hacía un par de días que la multitud había alabado a Jesús gritando "Hosanna" cuando El entró a la ciudad en un asno. Fue cuando estaba reunido con sus discípulos para departir de una comida comunal que Jesús habló sobre la conspiración de su traición.
Jesús pudo haber denunciado a Judas ante el resto de los discípulos y Judas habría sido detenido, sus planes frustrados. Jesús pudo haber realizado un milagro para detener a Judas sin daño alguno. En vez de ello, confrontó a Judas con su pecado, intentando que se detuviese y reconsiderara sus planes. Sus ojos lo miraban desafiantes, como diciendo, "¿Puedes verme a los ojos y decirme que harás lo que te propones?" Dios nunca utiliza la fuerza, nunca intenta coaccionarnos. En vez de ello, Dios utiliza el llamamiento del amor.
Judas reconoció al Mesías en Jesús. Las profecías se cumplieron, pero aún con las voces de la multitud que lo alababa, Jesús se rehusó a aprovechar el poder que le ofrecía la adulación. Judas decidió forzar la mano de Cristo al traicionarlo ante las autoridades, creyendo que con esto Jesús reivindicaría su reino. Al igual que todos nosotros, Judas malinterpretó la visión de Dios sobre el dominio. Hasta el momento del arresto de Cristo, Judas esperaba que Cristo se proclamara a sí mismo. No podía comprender el por qué Jesús únicamente le decía a sus seguidores que amaran a Dios tal y como Dios los amaba a ellos, y que se amaran a sí mismos. Esta es la fórmula que produciría la nueva época prevista en la profecía.
De modo que a medida que la verdad inundó su conciencia, Judas intentó regresar el tiempo al devolver el dinero manchado de sangre a las autoridades del templo. Cuando no pudo lograrlo, se quitó la vida. No pudo vivir con el recuerdo de Cristo mirando fijamente a sus ojos. Ahora que comprendió el significado de las enseñanzas de Cristo, ¿dónde quedaron todos esos días que pasaron juntos? ¿Cómo podría soportar el sacrificio de su Bien Amado? ¿Cómo podría vivir un día más con la condena de su vergüenza y engaño y la burla de sus propios pensamientos? Cómo deseaba estirar su brazo y volver a tocar a Jesús. Cómo deseaba escuchar la voz de Jesús diciéndole, "Ven, sígueme. Empecemos de nuevo."
Oración: Dios mío, hoy escucho tu voz que me llama y me pide que te acompañe en una nueva travesía cargando la cruz. Ayúdame a aceptar tu invitación con alegría. Amén.
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Por God’s Gnome
No Obstante, Hágase Tu Voluntad
Marcos 13: 32-42
En tiempos de Jesús, Jerusalén era una ciudad tan concurrida que no había espacio para los jardines. Un amigo adinerado debió haber permitido el acceso a Jesús al jardín privado en el Monte de los Olivos. A este monte, mismo que tiene una vista panorámica de la ciudad de Jerusalén, acudió Jesús con Pedro, Santiago y Juan después de haber cantado el Hallel. Y es aquí donde atestiguamos la angustia de Jesús en sus oraciones.
A sus treinta y tres años de edad, Jesús no deseaba morir, mucho menos sufrir la agonía de la crucifixión. En el jardín de Getsemaní, somos testigos de su lucha interna a medida que somete su voluntad a la voluntad de Dios. Dios nunca impone su voluntad sobre la humanidad. Tenemos la capacidad de tomar decisiones. Jesús pudo haber rechazado aquello que El percibió como la voluntad de Dios, en cuyo caso la salvación del mundo hubiese estado en riesgo. Pero gracias a que Jesús sabía que esta era la voluntad de Dios, El decidió seguir adelante, aún si no podía comprender la necesidad de este paso tan doloroso. En su aflicción y a pesar que le pidió a Dios otra salida, Jesús aguardó sumiso a la voluntad de Dios. "No obstante," dijo, "Hágase Tu voluntad."
La intensidad de sus oraciones lo tenía exhausto. Isaías declaró que Dios pondría el peso de los pecados de la humanidad sobre los hombros del Mesías, algo que parecía insoportable. El sudor que corría por su rostro y frente cambió de color y se torno del color de la sangre. La mayoría de nosotros nunca viviremos esa intensidad en nuestras oraciones. Se trata de un estado conocido con el nombre de hematidrosis, mismo que ocurre cuando el temor se suma al temor y el sufrimiento se suma al sufrimiento. La hematidrosis es causada por la dilatación de los capilares sub-cutáneos, mismos que se revientan al entrar en contacto con las glándulas sudoríparas y permiten que la sangre fluya junto con el sudor.
Surgirán ocasiones en nuestras vidas cuando viviremos nuestra propia experiencia de Getsemaní, cuando aprenderemos a decirle a Dios "Hágase Tu voluntad." Será una medida de nuestra relación con Dios el decir éstas palabras con fe y confianza plena, tal como lo hizo Jesús, sabiéndonos sumisos al amor de Dios. Al sabernos hijos de Dios, no exclamaremos éstas palabras con ira, resentimiento o sumisión frustrada, sino que lo haremos con la certidumbre y la tranquilidad de que todo está bien con nuestras almas.
Cada vez que tengamos que tomar decisiones trascendentales en nuestras vidas, podemos confiar en nuestro propio juicio o podemos someternos a la voluntad de Dios. Es con la misma confianza absoluta que un niño manifiesta hacia aquellos que le han demostrado un amor sin límites que podemos confiar en Dios con todos los detalles de nuestras vidas. "Hágase Tu voluntad" en nuestros trabajos, nuestras relaciones, nuestras comunidades espirituales e inclusive en nuestras propias inquietudes. "TU voluntad, Bien Amado Dios."
Oración: Dios mío, cada vez que enfrentemos las difíciles decisiones de nuestras vidas, recuérdanos de las palabras de nuestro Salvador en Getsemaní. Amén.
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Por God's Gnome
Negando a Cristo
Marcos 14: 66 - 72
"Yo no conozco a ese hombre de quien ustedes hablan."
La lectura del día de hoy habla acerca de un hombre que se encuentra dividido entre su amor hacia Jesús y sus propios miedos. ¿Qué pudo haber hecho para que él entrara al palacio de Caifás junto con Juan, sino el mismo amor? Era un hombre marcado, un hombre que utilizó una espada para cortarle la oreja a uno de los hombres del Sumo Sacerdote.
Como espectadores cubiertos por la obscuridad, veamos el desarrollo de esta historia. La sirvienta reconoció a Pedro al verlo bajo la luz de su lámpara y lo identificó como un compañero de Jesús. Esta fue la primera ocasión en la cual Pedro negó a Jesús. Al poco tiempo, mientras el aire azotaba las llamas del fuego, un hombre situado del otro lado del fuego señaló a Pedro como uno de los discípulos de Jesús. Por segunda vez, Pedro negó a Jesús. Una vez más, otra voz lo volvió a señalar. Pedro se enojó y nuevamente negó a Jesús, mientras que Jesús cruzaba el patio junto con los soldados. En ese momento, un gallo que se encontraba cerca de este lugar estiró su cuello, aleteó sus alas y cacareó. Mientras el sonido hacía eco por todo el patio, Jesús se volteó y miró a Pedro. Al ver los ojos de Jesús llenos de tristeza y no de ira, Pedro salió llorando del lugar.
Aquí podemos observar la narración de Pedro, ya que nos da a conocer todo un reporte sobre su traición en contra de Jesús. Para Pedro, este incidente ejemplificaba el perdón que ofrece Jesús aún a aquellos que lo han traicionado. Pedro estaba seguro que él podría manejar cualquier situación que llegase a surgir. Pero Jesús siempre ha estado consciente de la debilidad humana. El sabe lo fácil que es para nosotros cometer errores y lo fácil que es fallarle a quienes merecen nuestra lealtad. Jesús sabe que en algunas ocasiones cerraremos nuestros ojos y oídos ante las necesidades de los demás, mientras tratamos de justificar nuestras acciones pensando que no podemos o que ya hemos ayudado demasiado.
A menudo, nuestra determinación es puesta a prueba y somos presa de aquellos actos o palabras que nunca hubiésemos visto con buena cara. En ocasiones, es justo en nuestro momento más bajo cuando nosotros también negamos a Dios, a quien le debemos nuestra existencia. Para algunos, su fe ha sido puesta a prueba en prisión o bajo algún tipo de tortura; sin embargo, éstas son circunstancias excepcionales. Por lo general, no fallamos en momentos de suma importancia, sino más bien fallamos en nuestra vida cotidiana. Nuestro temperamento se enciende en ocasiones en las que hubiera sido mejor simplemente entregar nuestro amor y solucionar la situación. Intentamos entregar trabajos mal hechos o no terminados cuando la flojera se vuelve nuestro acompañante. No aprovechamos nuestro tiempo de oración y dejamos cerrada nuestra Biblia porque no programamos el tiempo necesario para nuestro nutrimento diario. Así como sucedió con Pedro, nosotros también tenemos que rendir cuando Jesús voltea a vernos. Cuando vemos la mirada de Jesús, descubrimos que no es enojo lo que vemos, sino tristeza y dolor. No hemos herido su orgullo, sino su corazón.
Oración: Dios mío, así como lo hizo Pedro, yo también te he traicionado. No he obedecido tu mandamiento de amar; sin embargo, al ver tus ojos, no pienso que me estés juzgando, sino más bien veo una mezcla de amor y tristeza. Perdóname, Cristo preciado. Amén.