"Jesús Lloró" (Juan 11:35).
Sí, Jesús lloró. La Biblia nos dice que él lloró con grandes gritos y lágrimas en sus oraciones (Hebreos 5:7). El lloró en su bien amada ciudad, Jerusalén (Mateo 23:37). Una de sus enseñanzas más famosas y vigorizantes se encuentra en las Beatitudes. "Dichosos los afligidos, porque Dios los consolará" (Mateo 5:4).
Su corazón se llenó de compasión por aquellos que sufrieron y lloraron. El pasaje de Lucas 7: 11-15 nos presenta una historia muy tierna. Cuando Jesús se aproximaba a un pueblo llamado Naín, observó una procesión funeraria. Se trataba de la muerte de un hijo único. Una mujer viuda estaba de luto. Su hijo era todo lo que ella tenía en el mundo. Cuando Jesús vio su pesar, "su corazón se llenó de compasión". Cristo la consoló. Luego, se dirigió hacia el féretro y lo tocó. Jesús dijo, "Joven, te ordeno que te levantes." Y el joven regresó de la muerte. Jesús lo devolvió a su madre. Todos se regocijaron. ¡Fue un milagro!
En el evangelio de Juan hay una historia similar sobre la vida y la muerte. Cristo tuvo varios amigos íntimos. Lázaro, María y Marta eran algunos de sus amigos. Cuando Lázaro se enfermó, las hermanas le pidieron a Jesús que viniera. Ven, le dijeron. Te necesitamos urgentemente. Cuando Jesús escuchó su llamado, él hizo un pronóstico increíble. El dijo, Dios será glorificado y honrado en todo esto.
Cuando Jesús llegó varios días después, era demasiado tarde. Muchas personas lloraban junto con las hermanas. Una de ellas se aproximó a Jesús. Oh, le dijo, si sólo hubieses estado aquí, mi hermano estaría vivo. Entonces entablaron una conversación espiritual. Jesús le dijo a Marta, "Tu hermano volverá a levantarse." Marta le respondió que ella pensaba que eso sucedería mucho después, durante la resurrección.
Jesús le dijo, "Yo soy la resurrección y la vida. Aquellos que creen en mí, vivirán, aunque mueran; quienquiera que vive y cree en mí nunca morirá. ¿Crees lo que te digo?" Y Marta le respondió, "Sí, Señor." "Creo que tu eres Cristo, el Hijo de Dios, quien ha venido al mundo."
Marta fue con su hermana y le dijo que hablara con Jesús. Llorosa, María fue rápidamente a ver a Jesús. Cuando lo vio, se arrojó ante sus pies, pues su pena era muy profunda. Cuando Jesús vio su pena, él "se conmovió y se preocupó." Entonces pidió que lo llevaran a la tumba de Lázaro.
Jesús lloró junto con las hermanas y los demás asistentes al funeral. El compartió su pena con ellos. El comprendió su dolor. Cristo "conocía el sufrimiento" (Isaías 53:3).
Luego gritó, "Lázaro, ¡sal de ahí!" Y su amigo se levantó de la tumba. ¡Otro milagro!
Varias páginas después, nos enteramos que el Sanador estaba muerto. Traicionado. Arrestado. Torturado. Desnudo. La muerte en la cruz. Cristo es enterrado. ¿Cómo puede ser posible? La respuesta es profunda.
Tres días después, Jesucristo se levanta de la muerte y se aparece ante sus amigos. ¡La muerte es conquistada para siempre! La tumba vacía nos ofrece una esperanza que va más allá de la cripta. ¡Jesucristo está vivo! La muerte nunca podrá tocarlo de nuevo. Y podremos ver a las personas que amamos en Cristo nuevamente. Nos afligimos con esperanza. "Anímense, pues, unos a otros con éstas palabras" (1 Tesalonicenses 4:18).
"¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? Pero nosotros damos gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo." (1 Corintios 15: 56-57). Jesucristo odiaba a la muerte. El vino a destruirla y nos dio la vida. ¡El se levantó de entre los muertos! Su tumba está vacía.
Vida. Amor. Esperanza. Valor. Cariño. Todo esto puede ser nuestro en Jesucristo.
Que la bondad amorosa y la compasión de Cristo sea tuya hoy y siempre.
El autor del presente material es "Surprised by Joy (Sorprendida por la Alegría)" (surprisedbyjoy@yahoo.com). "Surprised by Joy" es una ministro Cristiana ordenada que sirve al UFMCC y que descubrió que es maravilloso estar con Dios. Es la intención y la esperanza de todos los que trabajamos en soulfoodministry.org que todos nuestros visitantes experimenten la bondad de Dios y reciban alimento espiritual para su travesía.