Te Ruego Para Que Todos Sean Uno
Reflexión sobre Juan 17:20-26 (Escrituras se encuentran abajo)

Por Marco Rubio (marco@rubio.as)

Que fácil resulta el orar por nosotros. Para que nos vaya bien. Para que no nos pase algo malo. Para que tengamos buena salud. Para que no nos quedemos sin trabajo.

También puede resultar sencillo orar por las personas que amamos. Orar por papá y mamá. Por nuestra pareja. Por nuestros hijos. Por nuestro querido amigo.

Pero lo que ya no resulta tan fácil es orar por quienes están fuera de nuestro círculo íntimo. Por ejemplo: un familiar lejano que nos cae mal y al que nunca le hablamos, el compañero del trabajo que siempre critica lo que hacemos ó alguien que apenas y conocemos y hace bromas sobre nosotros.

Y definitivamente no estamos acostumbrados a orar por esa personas que no conocemos. Personas que quizás hemos visto por ahí, pero que nunca nos hemos interesados en ellas.

Pero, como dice Lucas 6:32-33 “¿Qué mérito tienen ustedes al amar a quienes los aman? Aun los pecadores lo hacen así. ¿Y qué mérito tienen ustedes al hacer bien a quienes les hacen bien? Aun los pecadores actúan así.” (NVI)

Poco antes de ser apresado, Jesús pasó sus últimas horas con sus discípulos concluyendo con una oración: La Oración de la Unidad.

Quien realiza esta oración es el propio Jesús y el tema de su oración, además de sus discípulos, son todos aquellos que creerían en él.

Algo de lo mucho que podemos aprender de esta oración, hecha en un momento muy peligroso, en que la oposición estaba a punto de capturarlo y la sombra de la muerte lo acechaba, es que en lugar de pedir por él mismo, pide por todos los demás, por sus discípulos, por sus creyentes, por los descendientes de ellos, incluso ora por ti y por mi.

Definitivamente, que sencillo resulta orar por nosotros y para nuestro beneficio, sobre todo cuando las cosas no están saliendo como quisiéramos.

Sin embargo cuando estamos en estas situaciones contrarias, ¿Pensamos en cuantas personas se encuentran en la misma situación? ¿Nos acordamos de aquellas personas que se encuentran en situaciones peores que las nuestras? ¿Tomamos en cuenta a las personas que no pueden manejar situaciones que nosotros si hemos podido? ¿O simplemente nos concentramos en nuestros asuntos y que los demás se las arreglen como puedan?

Decía mi bisabuela que no hay oración más poderosa que aquella que alguien más hace por nosotros. Sería padre que un día pudiéramos crear una cadena de oración que le diera la vuelta al mundo. Una Cadena de Oración sin importar quienes seamos, qué diferencias tengamos, qué hagamos, en cuál tipo de situación de vida nos encontremos o en qué lugar del mundo estemos. Cadena que al final regresaría a nosotros también.

El hoy me gustaría que oráramos no por nosotros ni por las personas que están dentro de nuestro círculo íntimo, sino por aquellas personas que apenas y conocemos o que sencillamente no conocemos. Por el cajero del centro comercial, por el niño que pone tus compras en la bolsa del mandado, por la mesera que sirve el café, por el taxista que te lleva al trabajo, por la anciana con la que tropezaste al doblar la calle, por la niña que te sonrió al otro lado de la calle, por la señora que vende rosas en la esquina, por el lustrador de calzado, por todas aquellas personas con la que entres en contacto el día de hoy.

Sí hacemos esto, tendríamos el beneficio de que alguien más también pudiera estar orando por nosotros, pero lo más importante sería finalmente haríamos realidad las palabras de Jesús, cumpliríamos su deseo, Todos nos convertiríamos en Uno.

ESCRITURAS
Juan 17:20-26
Nueva Versión Internacional

"No ruego sólo por éstos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí.

"Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo.

"Padre justo, aunque el mundo no te conoce, yo sí te conozco, y éstos reconocen que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo, para que el amor con que me has amado esté en ellos, y yo mismo esté en ellos."

Para leer más devocionales por Señor Rubio visite A Big Child Ministry (http://abigchild.spaces.live.com).

Creative 
Commons License
Esta obra es publicada bajo una licencia Creative Commons.



Menú Volver